Mina llevaba días encerrada en ese sucio lugar. Ella estaba en un estado más que lamentable, sus heridas estaban sucias y llenas de humedad, lo que significaba que una fuerte infección comenzaría a carcomerla dentro de poco, literalmente, ella comenzaría a pudrirse. El olor era nauseabundo, y las moscas pululaban por todo el lugar posándose descaradamente en su cuerpo y en sus heridas sangrantes. El horror vivido la hacía llorar de manera descontrolada, sumado al profundo dolor que sentía tanto por las ataduras, como por los golpes y la tortura recibida dos días antes. Quería morir, ansiaba la muerte como nunca antes ansió otra cosa. Seguir con vida era una constante tortura y ella ya no quería que continuaran jugando con su cuerpo de esa manera. Cerró los ojos con fuerza, quizá si lo ha

