Frente a él se encontraba un hombre de barbas blancas y que parecía cargar con toda la sabiduría del mundo sobre su espalda. Su parecido con los dos anteriores era increíble. Pero lo que lo dejó perplejo fue la bondad que se escondía detrás de su mirada cálida y su sonrisa franca.
_ Buenos días Laureano, soy Becket, el primero _ dijo con un tono tranquilizador y una postura muy relajada. Estiró su mano la que fue tomada con una sonrisa por Laureano.
_ Es un gusto señor Becket, gracias por salvarme la vida _ dijo el forastero con verdadero sentimiento de gratitud.
_ Buuueenno… _ dijo el hombre algo apenado y rascando su nuca como si sintiera algo de vergüenza.
_ En realidad usted tiene suerte de que Esmeralda estuviera volviendo de su viaje de iniciación _ estas palabras dejaron desconcertado al joven _ si ella no hubiera pasado por allí en el momento justo en que su cuerpo estaba por cederle paso a la muerte usted ya no estaría en este mundo _ contestó con sinceridad.
_ Oh, entonces es a la joven a la que le debo el estar aquí _ dijo con una gran sonrisa dejando ver algo más. Aunque ya se lo había dicho la muchacha, él tenía sus dudas.
_ Esmeralda es mi hija _ dijo viéndose serio por primera vez durante esa plática.
_ Bien, tan solo me gustaría darle las gracias personalmente _ insistió Laureano, que no era de los que se acobardaban.
Becket sonreía entre curioso y sorprendido. Parecía que su pequeña había cautivado un corazón ese día y por supuesto que no estaba equivocado, en tan solo unos minutos el hombre de mundo había caído rendido a los pies de la joven.
_ No hay problema, puede salir de aquí y decírselo ella está en estos momentos preparando nuestro almuerzo _ dijo el hombre curioso.
Tal como Becket lo había anticipado el amor surgió entre ellos de manera inquebrantable. Esmeralda se convirtió en la luz de los ojos de Laureano y solo ella importaba. Se había quedado en Nubi, un poblado no tan pequeño, pero sí un poco apartado de la civilización.
Laureano aprendió una de las tradiciones ancestrales más importantes de los Nubi. Para ellos la transición entre la adolescencia y la edad adulta era un momento sumamente importante, todo un acontecimiento. Por esto, llegada a la edad de 19 años, los jóvenes debían partir por tres meses e internarse en la jungla. Era difícil y peligroso sobrevivir solos en medio de la nada, pero esa era la prueba que ellos debían dar para demostrar que estaban en condiciones de convertirse en miembros dignos y preparados de la sociedad. Lamentablemente no lograrlo significaba la muerte, por lo que debían estar sumamente bien preparados para la travesía de iniciación.
La realidad era que la mayoría lo lograba, eran escasas las personas que no habían vuelto. Podía parecer una práctica cruel y despiadada que descartaba a los débiles o enfermos, pero la realidad era diametralmente opuesta. Las personas que no tenían la capacidad necesaria para enfrentar la jungla no realizaban el ritual, eran derivados a un sector de la sociedad siendo los que se encargaban de los aspectos menos importantes, el problema es que al no ser miembros activos no podían contraer matrimonio, ni tener descendencia. Ellos eran cuidados, pero morían en soledad.
También existía la posibilidad del exilio para los que no querían o no se atrevían a iniciarse. Ellos eran acompañados a Vikanir y allí buscaban ayuda con otros exiliados o partían al lugar del mundo que quisieran.
Laureano había quedado con la boca abierta al conocer este hecho, comprendió la importancia de la iniciación ya que les daba la fuerza para sobrevivir, la capacidad de decidir y optar por los mejores caminos y también la necesidad de conservar siempre intacto el vínculo familiar, en los momentos difíciles recordaban a sus seres amados y también sus enseñanzas que los ayudaban a subsistir. Ellos se refugiaban en sus ancestros, que eran la sabiduría personificada y los que les daban las herramientas y conocimientos para sobrevivir esos meses. Todos tenían un gran sentido del bien común, de la importancia del otro para su propia supervivencia, y la de su futura descendencia.
Él se sentía pleno y feliz entre los Nubi, pero sabía que en algún momento debía volver. Tenía su corazón dividido en dos y estaba seguro de que no podría partir si no llevaba con él a su amada esposa, porque sí se casó con ella.
Laureano consultó con su suegro, su cuñado y su amada la posibilidad de partir nuevamente rumbo a su hogar. Los tres aludidos lo miraron con entendimiento, y dieron el visto bueno para partir. Ellos no eran una cultura cerrada, no estaban aislados ni mucho menos, solo vivían en el territorio donde siempre habían vivido, al que amaban y del que muy pocos querían marcharse.
Becket y Caleb prometieron viajar a visitar a la pareja y conocer al nieto o nieta que venía en camino ya que Esmeralda partía con tres meses de embarazo. El joven Kovacs no podía más de la felicidad, sentía que todo en su vida marchaba sobre ruedas y él continuaría a su manera con el legado ancestral de su esposa. La iniciación sería realizada, aunque con algunas variables.
Al llegar a Ciudad M partió rumbo al hogar familiar del que había salido hace ya tres años, ese había sido para él su periodo de iniciación, equivalente a los tres meses que estuvo su esposa apartada de su familia y seres queridos.
Su padre Macario salió rápidamente a su encuentro, feliz de que el hijo pródigo hubiera vuelto. El abrazo entre ambos fue grande y sentido. Él amaba a su hijo menor, y tenía un profundo temor de que él no volviera nunca ya que había partido resentido, pero ahora estaba ahí, y parecía que no venía solo.
_ ¡Hijo, soy tan feliz de que hayas vuelto! _ dijo Macario tras soltar a Laureano de su fuerte abrazo _ ¿No me presentas a esta hermosa jovencita? _ agregó mirando con dulzura a la hermosa Esmeralda.
Sin duda para Macario que su hijo hubiera vuelto era algo maravilloso, y también significaba la recuperación del patrimonio familiar.
El hombre mayor estaba realmente arrepentido de dejar todo en manos de su hijo mayor. Fernando Kovacs no era más que un inútil mujeriego y soberbio que no hizo más que dilapidar la fortuna familiar.
_ Padre, ella es Esmeralda, mi esposa _ contestó un orgulloso Laureano de la mujer que tenía tomada de la mano.
A partir de ese día no fueron pocas las batallas que la joven pareja tuvo que enfrentar. Por un lado se encontraba la situación económica que no era la mejor. Era momento de volver a poner el apellido Kovacs por lo alto.
Laureano no podía creer el desastre que su hermano había hecho en tan poco tiempo. Pero él sabía que todo tenía solución. Su estancia con los Nubi le enseñó muchas cosas, entre ellas la importancia de los afectos, aunque había situaciones que no tenían remedio.
Su antiguo amor y ahora esposa de su hermano corrió a sus brazos cuando él llegó y a partir de allí se convirtió en un dolor de cabeza ya que siempre buscaba la manera de separarlo de Esmeralda para que volviera a su lado. El descaro de la mujer no tenía límites ya que ella seguía siendo esposa de Fernando.
La pareja era sólida, unidas por un lazo invisible que no podía romperse con nada. Laureano nunca permitió que esa mujer lastimara a su amada, ni mucho menos a su hijo, y de tanto intentarlo ella encontró la muerte de una manera cruel y dolorosa. Nadie podía probarlo, pero tampoco tenían dudas de que el honorable Laureano Kovacs había sido el responsable de tan atroz crimen. Aunque todos sabían que solo era un acto de justicia ya que ella intentó acabar con la vida de su esposa y de su amado hijo que tenía solo tres meses de vida.
Fernando había sido internado en una clínica de rehabilitación, pero lastimosamente no pudo salir adelante. El mundo de los excesos lo había superado y sucumbió a todo tan solo un año después de la muerte de su esposa. Tenía solo 35 años y no dejó descendencia.
Estos acontecimientos marcaron en gran medida la vida de Laureano quien estaba más decidido que nunca a continuar con las tradiciones Nubi. Cuando su hijo cumplió la mayoría de edad debió partir lejos de la familia, la iniciación consistía en enfrentar la vida solo. La jungla real fue reemplazada por una de cemento. Él debían estudiar y forjarse un camino propio sin el dinero familiar. Recibió una beca para costear los estudios, pero para lo demás tenía que conseguir trabajo y vivir como lo hace el común de la gente.
Él aprendió de esta manera el verdadero valor de las cosas y todo lo que era realmente importante en la vida, y que nada tenía que ver con el dinero. Comprendió del sacrificio y el esfuerzo de las personas humildes por salir adelante, incluso le tocó pasar hambre cuando se quedaba sin empleo.
Al finalizar los tres años que duraba esta iniciación, símbolo de los tres meses de los Nubi y de los tres años que Laureano pasó en esa aldea, volvió al hogar, con un profundo conocimiento del mundo y de las vicisitudes de la vida. Había adquirido un gran sentido de la justicia y era una persona más empática y solidaria.
Todo fue ganancia para la familia Kovacs a partir de esta práctica que ellos también convirtieron en tradición. Su hijo crio y preparó a los propios para atravesar esos años lejos de la familia.
Entre estos niños se encontraban Lara y su hermano Adriano, quien ya tenía 29 años, había transitado la etapa lejos de su familia con éxito y había regresado, emulando a su abuelo, casado y con un futuro heredero en el vientre de la madre.
Marina, quien era una dulce niña de clase media baja que trabajaba duramente para poder comer, no lo podía creer cuando se enteró, al llegar a La Dorada, que de ahora en adelante sería una mujer rica y que su hijo nacería con cuchara de oro. Aunque el pequeño debía de hacer, llegado el momento, su entrenamiento, como ellos les llamaron, lejos de la familia.