—¿No piensas comerte el otro panqueque? —mi madre me pregunta con una ceja arqueada desde la puerta de la cocina. Bebo otro poco de jugo y niego con lentitud para no tirar del líquido, ella mujer bufa volcando sus ojos y acercarse hasta el mesón para limpiar las migajas que he dejado esparcidas. Dejo el vaso en el lavatrastos y me limpio la boca con el dorso de la mano, volteando hacia donde se encuentra mamá para dirigirle la mirada. —No tengo tanta hambre porque me he despertado en la madruga a hurgar un poco de la sopa fría que quedó —admito dándole una sonrisa culpable—, aunque llegué a comerla toda, tuve que lavar el plato para que no te dieras cuenta. —Sí, no eres bueno para ocultar las cosas —se burla—. ¿Alguna vez haz hecho algo a escondidas de mí sin que finalmente me lo term

