Jimin suspiró con una sonrisa mientras veía a todos los cachorros correr en el patio de juegos, algunos en su forma de lobo y otras en su forma humana. Se sentía bastante pensativo, sonriendo siempre que recordaba sus días llenos de sonrisas pequeñas y carcajadas a montones. Debía admitir que le hacían mucha falta, aunque ya hubiera asimilado con tiempo que su nueva normalidad era diferente a la de meses atrás. ―Maestro Jimin―el rubio despegó la vista de los cachorros que se deslizaban en el tobogán y prestó atención a la pequeña niña que le miraba desde abajo, Hana sonriéndole con un huequito entre sus dientes. ―Dime, linda―intentó agacharse para quedar a la altura de la menor, pero recordó que no podía ni debía hacerlo. Mejor tomó a la pequeña de la mano y la llevó hasta la silla del

