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1125 Words
El amanecer había hecho su aparición sin siquiera haberlo anunciado, la terraza de aquel bar albergaba muchas menos personas, y sin embargo, Miranda y Clara continuaban bailando. Su juventud parecía vencer frente a una Lola que había claudicado horas antes. -¡Chicas! Hora de irse.- gritó León desde la misma mesa de la que no se habían movido en toda la noche y Lola, muy a su pesar le agradeció con su mirada cansada. -Vamos tío, que apenas son las cinco de la mañana. -gritó Clara avanzando como si sus pies no hubieran pasado horas bailando sobre altos tacones. -Para mí es suficiente. Vamos que las dejamos en el hotel.- respondió pasando su brazo por sus hombros para invitarla a caminar hacia la salida. Mack, Evens y Dante los seguían y Miranda se había quedado un poco más atrás con Lola. -No puedo creer que ni siquiera me haya hablado.- se lamentó la más joven negando con su cabeza. -Creí que le gustaba.- agregó entrelazando su brazo con el de Lola para continuar el camino. -Hombres, hermanita. Hombres.- respondió Lola, con sus ojos puestos en el cuerpo de León que mostraba un gesto paternal con la pequeña Clara. -No los entiendo, debería ser más simple, me gustas, te gusto, listo.- agregó Miranda justo cuando su teléfono comenzaba a vibrar en su bolso. -Hola, sí pa, estamos bien ¿Sabes que son las cinco de la mañana, no? Bueno.. estamos con Lola… si, no nos dejan ni un minuto. Bueno, esperá.- dijo Miranda avanzando hasta el grupo para pasarle el teléfono a su hermana. Entonces Mack abrió grande sus ojos y Miranda supo que se estaba perdiendo de algo. -Hola pa, si, esto está buenisimo, me encanta, gracias papi por dejarnos venir. Te quiero, chau.- dijo mucho más efusiva que su hermana frente a la atenta mirada del grupo que había alcanzado la calle. -Ese Blas si que es guardabosques.- dijo Mack entre dientes. Se sentía enojado, no le gustaba el lugar en el que había quedado. Él nunca se hacía problema, una chica le gustaba, avanzaba y si era correspondido bien y si no a otra cosa. Pero ahora había estado toda la noche pensando, toda la noche pensando en Miranda y eso era algo totalmente nuevo. -No te hacía tan cobarde.- se animó a provocarlo Miranda mientras pasaba por su lado y apresuraba el paso para dejarlo atrás. -¡Miren, vamos a la playa! - gritó al ver que la costa se abría delante de ellos y el grito que oýo como respuesta le confirmó que su idea había sido bienvenida. 
Por todos menos por Lola y León, quienes se habían quedado retrasados intentado vencer el cansancio que sus cuerpos insistían en mostrar. -Esta juventud va a matarnos.- dijo finalmente León, ensayando una media sonrisa que luego de una breve pausa se imprimió en los labios de Lola también. -Me alegra no ser la única que se siente vieja para estas salidas.- respondió bajando la guardia. Había intentado seducirlo, lo había buscado durante toda la noche y en cuanto él había cruzado su mirada, la había apartado como si le molestara ¿a que estaba jugando? Ella era simple, no se enroscaba, no insinuaba una cosa y quería otra, tenía que dejarse de tonterías y mostrarse como la adulta que era, pensó con determinación, mejor dicho con toda la determinación que la madrugada le permitía. -Somos dos, de hecho creo que nunca disfruté mucho de las salidas nocturnas. Siempre preferí un amanecer surfeando que uno medio dormido.- le confesó él caminando a su lado sin atreverse a rozarla, aunque su cuerpo se lo estuviera suplicando. -Como tu mamá, ¿no? Todavía me acuerdo de las fotos que me mostraste, creo que ni siquiera habías aprendido a caminar y ya estabas en el mar.- le dijo con una sonrisa, pero al ver la forma en la que su mirada se había vuelto triste se sintió mal y su cuerpo reaccionó acercándose para entrelazar su brazo al de él. Entonces León volvió a sonreír, si bien recordar a su madre lo ponía triste, que ella recordara aquel momento y que lo estuviera tocando lo alegraban mucho más. -Es verdad, creo que por eso me gusta tanto.- le respondió y al notar que ella intentaba alejarse, aumentó la presión de su mano, para impedirlo. -¿Vos alguna vez lo instante?- le preguntó con la vista puesta en los jóvenes que habían alcanzado la orilla del mar y se jugaban bromas salpicándose. -¿Surfear? ¿Vos estás loco? Nooo, me da miedo.- le confesó sonriendo y él detuvo su marcha para enfrentar sus ojos. -Eso no puede ser. Se ve que no tuviste un buen profesor y para tu suerte querida Lol… aquí tienes al mejor.- le dijo con una sonrisa exageradamente presumida que ella no pudo evitar liquidar con una carcajada. -No, gracias. Ni loca.- le respondió volviendo a tomar su brazo para continuar caminando. -¿Por qué? ¿Acaso no confías en mí?- le preguntó indignado. Lola sonrió negando con su cabeza. -¿No?- le preguntó todavía más indignado. -Claro que confío en vos, pero…- dijo alzando su mano para pasarla por su pecho, como si no quisiera darle la respuesta. -Digamos que los deportes no son recomendables para alguien con el corazón magullado como el mío.- le confesó arrugando sus labios al final, como si no quisiera darle la solemnidad que su afección traía consigo. Entonces León volvió a detener su marcha y esta vez se aventuró a abrazarla, apoyando su oreja con una pausa inquietante sobre su pecho. Lola se quedó petrificada, la había sorprendido, la estaba acariciando, dejando caer su respiración sobre la piel de su pecho. -No sabes las veces que recé por cambiar de lugar.- le confesó con sus ojos cerrados y ella apretó sus labios para contener la emoción que había alcanzado sus ojos sin advertencia. -Nunca te hubiera dejado.- le respondió alzando su mano para enterrar sus dedos en su cabello, tan sedoso, tan placentero. Y así se quedaron sin saber cuánto tiempo pasó, enredados en un abrazo que encerraba diez años de ausencia, pero que sabía de memoria cómo se sentían al estar juntos. Porque cuando dos almas se unieron, ni el tiempo ni la distancia logra separarlas, porque cuando un corazón supo latir por alguien más, ya no desea dejar de hacerlo y porque aunque el futuro incierto podía dar mucho miedo, el pasado vivido hacia lo imposible por renacer. -¡Eh tortolitos! ¡Vengan al agua! - gritó Evens y los dos se separaron con pausa, volviendo a ocultar la emoción y sonriendo con una nueva certeza. La de que las cosas no habían cambiado tanto después de todo
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