Estábamos en la cafetería del centro comercial. Mary casi se ahoga con el agua cuando le repetí lo que pasó entre Jared y yo la primera noche. Ella comenzó a hablar en inglés pidiéndome que le explicara todo con detalles.
—Wait a minute, you mean they... had s*x? —me preguntó. Sin pudor, asentí—. Give me all the details
Y claro que lo hice. Ella se sorprendió, me creyó pero le parecía increíble lo que había pasado. Le conté que también me llevó al cuarto al amanecer, sus ojos y su boca mostraron la evidente sorpresa. No era para menos.
—Y supongo entonces que continuarás con el plan, ¿o me equivoco?
—No, supones bien. —ella asintió con una sonrisa—. Lo que pasó anoche entre Jared y yo fue el empujón para tomar la decisión final.
—Pensé que ya lo habías decidido, Rose.
—No, aun estaba indecisa.
—Entonces…
—¿Qué?
—¿Qué sigue?
—Él propuso el juego, yo lo seguiré. —Ella me miraba atenta—. Al momento que Avery se entere, yo me haré la víctima, alegaré que él me prometió el mundo y me engañó y yo caí redonda.
—Eso es para que ellos terminen, ¿no?
—Claro, aunque si no hay tanto drama, mejor.
—Bueno, yo realmente no creo que no haya drama, sobre todo sabiendo como es Avery.
—De eso estoy consciente. —alegué, levantándome de la silla—. Si él la deja antes de que ella se entere del juego, me habré ahorrado el teatro barato.
Ella se levantó y caminó tras de mí hacia la tienda de ropa. Encontramos prendas preciosas, ella tomó algunas para probárselas y le quedaron divinas. Yo hice lo mismo. Pagamos y salimos rumbo a la zapatería.
—Rose! —escuché mi nombre a lo lejos, me di vuelta y al ver de quien se trataba, me quedé estática. Le di un codazo a Mary para que viera lo mismo que yo.
Frente a mí estaba Logan, el chico más bello y popular de Rightwood. No podía creerlo, ¿qué hacía aquí? Él se acercó corriendo, su respiración agitada se restableció minutos después.
—¿Qué demonios haces aquí, Logan? ¿Por qué has venido? —le pregunté, más que molesta, sorprendida. Aun no me lo creía.
—¿Tú qué crees?
—No lo sé.
—Mira, yo no volé desde San Francisco solo para dar un paseo, Rose. —rodé los ojos, eso me parecía estúpido—. Fui a buscarte a tu casa ayer, Leyna tu vecina me dijo que ya no vivías allí y… Te busqué por todas partes hasta que di con tu ubicación…
—Te felicito, descubriste América en un vaso de agua.
—Rose… Tengo algo que decirte…
—¿Y qué será? ¿Más mentiras, Logan?
—Yo no te mentí, Rose. —Le miré incrédula—. Te juro que lo que pasó en el baile fue real para mí.
—No te creo nada, Logan.
—Pues tendrás que, porque tú me gustas y estoy enamorado de ti. —Mary abrió los ojos de par en par, pero yo me mantuve quieta, no expresé nada porque simplemente no le creía en absoluto.
Jared
Tengo que sacarme a Rose de la cabeza. Pero cada que lo intento es más difícil. Sus besos, sus caricias, toda ella es una bomba explosiva que puede estallar en cualquier momento. Probarla era exquisito, sus cálidos y deliciosos jugos me hacían delirar.
Un sonido me distrajo, volteé hacia la puerta y era Avery, con un conjunto íntimo espectacular. Pero lo más loco de todo es que no veía a Avery sino a Rose luciendo ese conjunto que me mataba.
—¿Te gusta? —preguntó posando para mí con el conjunto puesto. El rostro de Rose permanecía allí, la estaba alucinando, la quería aquí conmigo ahora mismo—. Jared… Te estoy hablando.
—Sí, te escuché. —contesté y salté a tomarla entre mis brazos. Ella se colgó de mi cuello y la dejé en la cama. La llené de besos y caricias. Permanecí con los ojos cerrados en todo momento pero ella me obligó a mirarle a la cara. Allí entendí que me iba a volver loco.
Me aparté al percatarme de la situación.
—¿Qué pasa? —indagó, curiosa.
—Nada, me siento mal es todo… —mentí para no hacerla sentir mal. No podía decirle la verdad, se supone que era un secreto entre Rose y yo. Avery me miró enojada—. ¿Qué? Porque no te dé de comer una noche no significa que no quiera contigo.
—Jared.
—¿Qué? —repliqué fastidiado, ya me obstinaba escucharla—. ¿Qué quieres ahora?
—¿Cómo que quiero ahora? ¿Por qué me hablas así?
—Porque me molesta que no entiendas que me siento mal.
—¿Y sabes que me molesta a mí? —la miré a ver que era lo que iba a decir—. Que desde ayer con la llegada de la mosca muerta de Rose has estado muy extraño. ¿Creíste que no me daría cuenta?
La puerta principal se escuchó al abrirse.
Gracias a Dios que ya llegaste.
Bajé con la excusa de que buscaría un analgésico para el dolor de cabeza. Pero ella siguió mis pasos, tuve que entrar al baño de visitas donde estaba el botiquin, salí y entré a la cocina para tomar un vaso de agua.
—Hasta que por fin se dignan a aparecer —exclamó molesta mirando a Rose y a Mary—. ¿Se divirtieron?
—Claro que sí, pero a ti no te vamos a rendir explicaciones de lo que hacemos o dejamos de hacer, Avery, ¿quedó claro? —contestó Rose a la defensiva, le sonreí con disimulo.
Avery miraba a Rose como si la quisiera asesinar en ese mismo instante. Mi Rose miró a Mary y como si nada pasó, caminaron hacia las escaleras para ir a sus habitaciones. Yo me quedé allí, mirando a Avery en silencio, esperando que soltara las pestes que solía soltar cuando alguien le llevaba la contraria.
—¿Y esta quien se cree para hablarme de esa manera? —se quejó mientras amarraba su bata y subía a su habitación.
Por mi parte, decidí que era mejor irme a mi casa. Necesitaba procesar todo lo ocurrido y la influencia de mis deseos sobre mis sentimientos que era más importante aún. Apenas estuvimos juntos una noche, lo sé y es tonto. Es tonto que esté pensando en sentimientos pero ella es diferente, es real y no es plástica como Avery.
¡Apolo, Ares, dioses de la mitología griega ayúdenme que me voy a volver loco!
Caminé unas 10 cuadras hasta que llegué a la parada del taxi y tomé uno hasta San Diego. Me habría gustado tener el número de Rose para hablarle pero conseguirlo sería misión imposible. Primero por Avery y segundo porque no sé si ella quiera darme su número.
Rose...
Mi pequeña Rose...
Pasé el resto del día tumbado en la cama, pensando en ella. La quería para mí y solo para mí, no permitiría que ningún otro bobo se le acerque. Ella era mi destino.
—¿En qué piensas tanto? —escuché decir, miré a la puerta y ella estaba ahí.
¿Cómo encontró mi dirección?
¿Es real o la estoy imaginando?
¡Que sea real, que sea real!
Ella me sonreía, la invité a pasar pero no quiso, le daba pena. ¿Pena? Después de lo de anoche, ¿Rose sentía pena por acercarse a mí? Me levanté de la cama y caminé hacia ella, tomé su rostro entre mis manos y comprendí que era tan real como yo. No me estaba volviendo loco, al menos.
—¿Qué haces aquí? ¿Cómo me encontraste? ¿Cómo hiciste para salir y que no se dieran cuenta?
—Shhhh... —bisbiseó con un dedo sobre mis labios—. Esta noche es nuestra, aprovechémosla.
Dicho eso, mi pequeña Rose me besó. Fue un beso romántico, de esos que solo te das con la persona que amas. Los dos caímos en la cama, ella sobre mí. Su larga cabellera caía a los lados, me besaba y bajaba por el cuello. dejando pequeños besos. Hizo un camino hasta la parte baja del abdomen, cuando llegó al pantalón, me miró con una sonrisa traviesa, desabrochó el botón y bajó la cremallera del pantalón.
—Rose, ¿q-qu-qué haces? —pregunté, tartamudeando y en un susurro.
—Quiero hacerte un favor...—contestó, sonriendo como la propia diabla—. ¿Me dejas? —Asentí y ella continuó su labor.
Lo tomó con sus manos y lo introdujo en su boca. Los movimientos que hacía me excitaban en demasía. Jadeé su nombre, gemí con desesperación. Ella parecía disfrutarlo, porque lo sacaba y metía a cada rato. Le pedí que se detuviera, al principio no me hizo caso. Le insistí en que me correría dentro de su boca si no paraba pero pareció no importarle. ¿Acaso era lo que quería? Rose no quería detenerse, seguía la faena y yo ya sentía que explotaría. Ella me miró y recorrió mi m*****o con su lengua por última vez.
Relamió sus labios, gateó hacia mí y posicionó su entrada justo en mi entrepierna e introdujo mi m*****o dentro de ella. Comenzó con movimientos lentos, moviéndose de adelante hacia atrás. Ver sus senos al descubierto por segunda vez provocó miles de sensaciones en mi interior. Comencé a jugar con ellos hasta hacerla delirar, ella gritaba y gemía a todo dar. Me encantaba escucharla.
Halé su cabello, como le gustaba mientras la embestía una y otra vez. Ella mordía mi cuello y mi hombro de vez en cuando. Sus gemidos eran melodías para mí. Retomé el juego con sus senos, Rose mantenía los ojos cerrados, arqueaba su espalda ante el placer de mis movimientos y caricias. En este juego yo era el puto amo y ella la jodida reina de mis deseos.
Alcanzamos el clímax corriéndonos y gritando el nombre de cada uno.
Nos levantamos, ella seguía moviéndose con mi m*****o dentro de su cuerpo, apretaba mi espalda con sus manos como cual plastilina moldeable. Ya no pensaba en el dolor que me causaban sus rasguños, solo en una cosa que me hacía sentir más que ganador: ella era mía.
Exhaustos, caímos sobre la cama, Rose encima de mí y yo dentro de ella. Mis labios resecos demandaban agua pero besar sus labios era mucho mejor. Acaricié su melena, ella cayó profunda casi que inmediatamente. Quería permanecer así, que sus ojos fueran lo primero que viera al amanecer, cada día de lo que me resta de vida.
No sabía ni que hora era, tampoco me importaba. Con ella a mi lado perdí la noción del tiempo. Mi celular comenzó a sonar, era lunes y debía ir a la oficina. La vi tan profunda que no quise despertarla, me levanté con extremo cuidado pero ella comenzó a moverse. Le susurré que podía seguir durmiendo.
—¿Qué...día es hoy? —preguntó somnolienta, sonreí. Pero casi se vuelve loca cuando le dije que era lunes. Sus ojos se abrieron intensos, se levantó y comenzó a vestirse apresurada.
—Rose, ¿qué sucede?
—Hoy se supone que debo inscribirme en la universidad. —me comentó, le prometí llevarla pero ella insistió en que no era lo correcto, debía ir a casa a buscar los papeles correspondientes y luego ir a la universidad—. Además, si Avery se entera que estuve contigo anoche, me matará.
—No lo hará, no se tiene porque enterar...
—Es que tú no tienes idea del peligro al que me estoy exponiendo siguiendo este juego, Jared. —yo la miré confundido, no entendía una mierda de lo que me estaba diciendo—. No me malinterpretes, seguiremos viéndonos pero mi vida está en peligro.
—¿Por qué lo dices? No entiendo nada...
—Porque Avery me amenazó.
—Ya va, ¿qué Avery te hizo qué? —repetí evidentemente molesto. No podía creer lo que estaba escuchando—. Rose, dime la verdad, ¿Avery te amenazó? —me acerqué, ella se alejó—. Rose, por favor...
—Sí, me amenazó de muerte si me volvía a acercar a ti, Jared. —La miré, no mentía. No podría jugar con algo tan grave, era una acusación muy fuerte la que estaba haciendo—. Jared, si quieres, podemos dejar esto así... Hacemos como que no te dije nada y nos seguimos viendo.
—¿Qué? ¿Te estás escuchando, Rose? No, ni loco voy a dejar esto así, ella me va a escuchar.
—¿Qué le vas a decir? ¿Que vine a acusarla contigo? No te lo va a decir, ¿crees que no sé como son las arpías como ella? Te lo va a negar, Jared.
—Que se atreva a negarlo y la denuncio, termino con ella...
—Jared, mi...—la miré, se quedó callada y luego continuó—. Jared, cálmate por favor. No hagamos de esto un escándalo.
—Ya lo es, Rose, ¿no te das cuenta? —miré a mi pequeña a los ojos, parecía que iba a llorar—. Tenemos que solucionar esto, no puedes seguir viviendo allí.
—¿A dónde voy a ir, según tú?
—Yo me encargo de eso, pero tú en esa casa no vas a vivir más.
—Apenas tengo dos días allí, Jared.
—No me interesa, tu vida está en peligro y no permitiré que nadie te haga daño. —le acababa de hacer la promesa y la declaración más importante a una mujer que apenas conocía. ¿Qué podía hacer si desde hace dos días Rose permanece en mi mente? Ahora debía encargarme de cumplirla o perdería mi oportunidad con ella.