KATHERINE PIERRE. Una sonrisa lobuna se dibujo en mi rostro. La verdad sentir su pene entre mis manos me ponía muy caliente, pero no pretendía acostarme con él en estos momentos teniendo una fiesta afuera de la fiesta, de seguro uno de mis hermanos nos vio entrar o hasta mi padre lo pudo haber hecho. — Pero es una lastima que no podamos hacerlo aquí. — suelto su m*****o y me alejo de él, dejándolo desconcertado. — ¿De qué demonios hablas Katherine? — pude notar como en su frente se comenzó a dibujar una vena. — no puedes dejarme así. — señala su m*****o. — No podemos hacerlo aquí, hay muchas personas en la fiesta. — ¿Y? Todos están centrados en sus conversaciones aristocráticas que ni se darán cuenta que te estaré follando duro contra esa maldita cama. — señala. Me encan

