Jaxon tembló y negó con un violento movimiento de cabeza. Se arrastró para alejarse del fantasma de Felicity. —¿Tienes miedo Jaxon? —habló Lizzy. Sus tacones altos golpearon el piso y el eco causó un nuevo escalofrío en la espalda de Jaxon. El hombre negaba una y otra vez, convencido de que la mujer delante de él, solo era un producto de su imaginación. —No eres real —musitó. La sangre continuaba cayendo de su frente herida, corría por su mejilla y había manchado su ropa. Jaxon colocó una mano sobre la silla para tratar de incorporarse, pero Felicity la empujó y cayó al piso de nuevo. —¿Tan seguro estás de que no soy real? —cuestionó. Había burla en su voz y un deseo insano de asesinarlo. Lizzy podía hacerlo y nadie sabría que ella lo hizo. Owen se encargaría de salvarla; sin embargo,

