El rostro de Camila perdió todo color y un sudor frío le recorrió la columna vertebral que la sacudió violentamente. No esperaba que Lizzy le hiciera esa pregunta. Debía responder, pero el nudo en su garganta le impedía hablar. Lizzy la miró detenidamente, esperaba que Camila le replicara, que le dijera lo equivocada que estaba y que no tenía ningún interés en Carson; pero eso era querer demasiado. El silencio de Camila le confirmaba lo que ya sospechaba. Su interés amoroso en él. —¿Qué pasa, Camila? ¿Te comieron la lengua los ratones? —le preguntó sin ninguna contemplación. —No tengo nada que responderte —se defendió ella. —Es normal que te quedes sin argumentos —respondió Lizzy—. Jamás quisiera estar en tu lugar, desear al hombre de tu mejor amiga debe de ser terrible. Sobre todo, p

