Carson miró al hombre entrar a la sala de juntas como si estuviera en su casa y apretó la mandíbula. Su estómago se tensó mientras un amargo sabor se deslizaba por su garganta. Jaxon era un maldito hijo de puta, lo había provocado para que lo golpeara y como un estúpido, volvió a caer en su juego. —¿No dirá nada? —preguntó el hombre, parado delante de él con un sobre amarillo en la mano, esperando a que Carson lo tomara. —Déjela sobre la mesa —ordenó, con voz tensa. Le llevó todo su autocontrol no maldecir, pero el hombre delante de él, solo era un mensajero y si quería provocarlo, esta vez, iba a quedarse con las ganas. El hombre hizo lo que se le indicó, colocó el sobre con la notificación del tribunal sobre la mesa de juntas y le dedicó una fría mirada. —¿Tiene algo más que decir?

