Lizzy no apartó la mirada de los ojos asustados de Susan, no sabía que era lo que le daba más placer, si verla aterrada o saber que le estaba devolviendo el golpe. El dolor en su mirada le confirmó que la asistente tenía interés en su marido. Sin pestañear, enredó los dedos entre los cortos cabellos de Carson y buscó su boca. Le dio un fogoso beso mientras él se sacudía aún en su interior, completamente ajeno a lo que sucedía a sus espaldas. Susan miró la escena, no podía moverse, se había quedado como una estatua. No podía creer que Felicity Clifford estuviera ahí, en la oficina y con Carson. No, no era verdad, era solo un producto de su imaginación. Felicity estaba muerta, ella se había lanzado por el precipicio, la había visto con sus propios ojos. Estaba segura. Un fuerte gemido

