Lizzy estacionó frente a la imponente residencia Clifford, aquella que había pasado de generación en generación y que ella perdió. Sus dedos se apretaron sobre el volante hasta que sus nudillos se pusieron blancos por la fuerza. Les había fallado a sus padres y a sus abuelos y todo por confiar en Carson. Si tan solo no lo hubiera conocido, si no se hubiera enamorado de él, ella no tuviera ninguna necesidad de esconderse detrás de otro nombre y fingir ser otra persona. —Lizzy, ¿podrías abrirme la puerta? —La voz de Carson atravesó el enojo que nublaba sus pensamientos. —Claro, dame un segundo —respondió. Lizzy se obligó a respirar, bajó del auto y lo bordeó para abrir la puerta que daba a la casa. Carson salió primero y tomó a Camila entre sus brazos. La cargó y avanzó delante de Lizzy

