CAPÍTULO UNO Abril 1800 Lady Abigail Wallace miraba timidamente su insípido vestido blanco y frunció el cejo. El único color que le era permitido vestir era el azul zafiro en su faja atada alrededor de su pecho. Poco hizo para que su vestido fuera más atractivo. Al menos el color de la faja coincidía con el de sus ojos. Sin embargo, el blanco hizo que su piel pareciera casi enfermiza. Tenía una piel clara y algunas pocas pecas en la cara. Nadie la confundiría con una señorita inglesa, especialmente por su desvergonzado pelo rojo. ¿Por qué había dejado que su padre la convenciera de pasar una temporada en Londres? No había nada que aquel lugar pudiera ofrecer que no pudiera encontrar en su casa, en Escocia. ¿Qué de malo había en buscar un buen laird escocés como esposo? Sus propiedades

