Llego a casa y todos están corriendo como locos: llevan flores, otros llevan mesas y sillas, otros manteles. ¿Es cierto? Recuerdo que la boda será en el jardín, bueno, ¡si aún hay boda! —¡Oh, señorita! Llegó por fin —dice la Sra. Martínez, nuestra ama de llaves. De repente escucho un grito; es ella misma avisando que llegué. —Sra. Martínez, por favor, puede bajar el tono, mi cabeza se quiere estallar. No he terminado de hablar cuando mis padres, Annie y mis hermanos estaban rodeándome; me hablaban todos al tiempo, ni siquiera podía entender lo que decían… —¡YAAAAAA! Por favor, ¡silencio! —grito desesperada. Mi papá me toma del brazo. —Vamos, Linda, necesito hablar contigo ahora. —¡No! —le digo mientras me safo de su agarre. —Lo siento, papá, pero primero quiero descansar y aclarar

