POV ARTEM ROMANOV El aire espeso parecía embotar mis sentidos mientras atravesaba el camino hacia el estudio. —El señor lo espera adentro. —Observé el gesto imperativo de la mano derecha del capo—. Solo. Él se tiene que quedar acá. —Si no salgo en menos de una hora, mátalos a todos —una ojeada de soslayo a Sergei y mi asentimiento reafirmaron la orden. Empujé la puerta entreabierta y me adentré en lo que parecía ser su oficina. Aun no entendía qué demonios nos había llevado a reunirnos en su maldita casa. Esa situación nos ponía en desventaja; conté más de treinta hombres vigilando sus terrenos. Pero intuí que había más, siempre había más. Nos dejaba con un promedio de hombres no muy favorables para cada uno. Sin embargo, habíamos sobrevivido a batallas peores; esta sería solo otra

