Después de terminar su turno, los chicos regresaron a sus casas. Al menos el domingo dormirían hasta tarde, Adriel sólo quería olvidarse de Edan y todo lo que tuviera que ver con él. Por su lado Inder pensaba en las palabras de Hans, se estaba preocupando al darse cuenta que estaba pensando demasiado en él más allá de un simple cliente. —¿Estás bien?— preguntó Adriel mirando a su amigo que iba más callado de lo habitual. —Sí, yo estoy bien— le dijo el pelirrojo. Llegaron a la casa de Adriel, el chico se bajó y le dio las gracias. Inder le sonrió y luego siguió a su casa, lo único que quería era acostarse y dejar de pensar. Domingo por la mañana, Adriel no se molestó en levantarse temprano. Su cuerpo apenas respondía a despertar de ese sueño profundo, imágenes de una semana enjaulado y

