—Nadie más me enviaría un mensaje así. Vino de un número desconocido, y ya estabas una hora tarde cuando lo recibí, así que ¿por qué no pensaría que eras tú? Dado que no tengo tu número. —Honestamente, no te envié ese mensaje de texto —él declaró—. Puedo mostrarte mi teléfono como prueba. —Podrías haberlo borrado de tu teléfono, Sr. Hayes. Eso no es prueba. —¿Reconocerías el número? —preguntó de vuelta, y ella pudo ver que él realmente estaba tratando de averiguarlo. ¿Quizás no había sido él? ¿Era por eso que se había molestado porque ella no había estado en casa, y por eso había irrumpido en su apartamento y hasta recogido su vestido? —No, fue solo un mensaje, pero coincidía con todo lo que estaba pasando —se encogió de hombros. —No sé quién te envió ese mensaje, Sra. Morgan, pero la

