—Mentirosa —declaró sin rodeos. —Oh, si quieres saberlo, tomé un vuelo a San Diego. Quienquiera que envíes a esta hora de la noche no llegará antes de que termine la fase lunar. Me aseguré de eso —rió. Le había dicho al norte hace un momento y ahora le dijo al sur. —No es gracioso, Wynta —murmuró. —Para ti, creo que sí lo es. ¿Cómo va eso ahora? 21 a 0. —Tengo un jet privado, Wynta. Podría enviarlo por ti y tener ese avión allí en tan solo dos horas —resopló Edward. —Hmm, es un lugar bastante grande y no sabiendo exactamente dónde estoy, la búsqueda sería infructuosa. Cerraré las puertas y ventanas y me quedaré dentro toda la noche. ¿Crees que quien envíes podrá rastrearme en la ventana de seis horas que quedaría para cuando lleguen aquí? ¿O crees que no me levantaría y me iría para n

