Loren se sentía en un ensueño. La conversación no duró todo lo que ella habría querido, pero el tiempo que duró fue el suficiente para dejarle con un ánimo excelente y con unas ganas que casi ni podía contener de comerse a ese Sheimy. Es cierto que su comportamiento altivo y egocéntrico le dificultaba de alguna manera la labor de sobrellevarlo, pero soportar sus monólogos larguísimos era un sacrificio que Loren estaba dispuesta a asumir solo para gozar constantemente de esa sensación de peligro y adrenalina que sentía al estar cerca de Sheimy. Para hacer crecer aún más la tensión hasta llevarla a un ápice que a Loren le puso a temblar las piernas, Sheimy se dedicó el resto de la jornada a formular frases cargadas de dobles intenciones y cuyo propósito, Loren casi podía asegurarlo, era

