El lunes en la mañana mi clase se me estaba yendo demasiada lenta, sólo quería ir lejos y dejar todo atrás. Suspiré resignada. Hoy no era uno de esos días en los que amaba escuchar música, más bien hoy era uno de esos días en los que detestaba el violín y todos los instrumentos. La verdad es desde el viernes en la noche no había dormido nada, cada que escuchaba el más mínimo sonido por las noches, se me aceleraba el corazón, porque una parte de mí quería que él volviera a aparecer por mi ventana, que se sentara en el piso de mi habitación y permaneciera allí, escuchando todo lo que tenía para decirle, ¿Por qué no le dije todo eso que estaba sintiendo? Apestaba ser yo en muchos sentidos. No le ponía atención a nada de lo que el profesor decía, sólo veía sus labios moverse y estaba tan ida q

