Narra Anastasia Sabemos que tomamos buenas decisiones cuando nuestro corazón se encuentra en paz, pero el mío se siente agitado por alguna extraña razón. Hay un sinsabor que me consume, una extraña sensación que no me deja dormir. —Cariño, el desayuno está en la mesa —le digo a mi esposo. —Buenos días, mi cielo. El hombre me da un beso en la frente y se sienta para comer, mira a su lado y nota que solo está servido su plato. —¿No desayunarás conmigo? —pregunta con su ceño fruncido. —No tengo hambre, me siento el estómago algo delicado. Solo me sirvo una taza de té y voy hasta la sala, allí me quedo un rato porque quiero estar sola un instante, necesito tener espacio para mí. —Veamos televisión, ¿te parece? —menciona mi esposo apareciendo en mi momento de tranquilidad, encendiendo

