Narra Leslie. Nunca antes me había sentido tan cansada, la espalda y el cuello me dolía de una manera terrible. Estuve hasta tarde con la señorita Norfalia leyendo los protocolos de la casa real, no pude memorizar todo, pero memoricé hasta donde pude —mi cerebro tiene poco espacio de almacenamiento—. Nunca antes había deseado tanto ir a la cama para dormir, juro que sentí las almohadas como si fueran nubes, la mejor sensación de todas —lástima que no demoró mucho. —Señorita, debe despertar —escucho a lo lejos la voz de mi madre. —No mamá. Déjame dormir, hoy no tengo clases —respondo con los ojos aun cerrados. —Señorita, ya se hace tarde. La reina madre la espera para tomar el té matutino. Entreabro mis ojos y veo a una de las damas cerca de mí. —¡Es tarde! —digo saliendo de la cama e

