No Seré la Escritora Sumisa

794 Words
La cocina era de revista. El desayuno, de restaurante Michelin. Y yo, una escritora sin rumbo, ahora era la protagonista de mi peor historia y para colmo tenia que soportar la cara de satisfacción de este idiota. Mientras él hojeaba su correo con indiferencia, yo lo observaba. Cada movimiento suyo era calculado. Esa maldita mirada cargada de poder y control. No era un hombre. Era una maldita estrategia sexy andante. Y yo… su nuevo proyecto. Pero si Gael Devereux pensaba que podía domesticarme como a una escritora desesperada más, estaba a punto de descubrir que había secuestrado a la mujer equivocada, le haría replantearse la idea de haber jugado conmigo. —Quiero que empieces hoy —dijo sin apartar la vista de su tablet—. Te asignarán una oficina dónde tendrás tu privacidad. Tendras todo lo que puedas necesitar... y más. —¿También incluye un abogado y una orden de restricción?—Se que jugaba con fuego pero si ya me tenia secuestrada porque no hacerle la vida miserable. Gael alzó una ceja, divertido como si le diera igual. No debería verse sexy con esa expresión, pero lo hacía. Maldita genética infernal. —Incluye un asistente personal, aunque... no creo que lo necesites. De nada te sirve que intentes escapar Aunque, sinceramente, lo dudo. No llegarías muy lejos. —¿Me estás amenazando? —Te estoy recordando tu situación y que no tientes mi poca paciencia— su tono frio me calaba los huesos, este hombre era peligroso y aun asi sentía una conexión extraña con él Tal vez eso lo volvia tan arrogante. Me habría lanzado el café a la cara si no fuera tan caro y tan bueno. En su lugar, me limité a cruzar los brazos y sostenerle la mirada. —No voy a escribir tu historia —dije con la voz más firme que encontré, aunque por dentro esta temblando. El me sonrió de lado y sostuvo mi mirada. —Creeme cuando te digo que lo harás y mientras mas te resistas a hacerlo más tiempo tendras que pasar aquí— dijo para luego fijar su mirada en su tablet —Se empezaran a preguntar por mi, y eso podria desatar el caos ,no te conviene. —Jajajaja, no me hagas reír. — Soltó seco, se acerca a mi desde su silla, solo su rostro— no tienes ni una mascota que te ladre, ¿crees que le importas a alguien?— no mentia para mi gran pesar, estaba sola, sin familia, solo una y le importaba una mie*da lo que me sucediera. Pero aún así por él haría cualquier cosa. Mi padre era lo unico por lo que moriría en esta vida. Gael Devereux lo sabia y estaba segura que desde ahora que si no empezaba a escribir su historia, no saldria de esta lujosa prisión. —Aléjate, ¿quieres?— al darse cuenta de la cercanía se incorporó y observó mi reacción, pero no estaba jugando, no me dejaría ir asi de fácil. Deje escapar un suspiro largo, lo miré y continué: —Esta bien, tu ganas. Voy a escribir tu historia. Porque no tengo de otra, ¿verdad? Gael sonrió. De esos gestos peligrosos, como si ya hubiera ganado y debia admitirlo, lo habia hecho. —Entonces empieza con esto: ¿Por qué crees que alguien como yo necesita una biografía? —Porque tienes un ego tan inflado que no cabe en tu penthouse ni en tus pantalones. —Cuida lo que dices Ávalos,— gruñó enojado, sin inmutarse—. Porque hay verdades que solo pueden contarse a través de una escritora quebrada, sin nada que perder… y demasiado curiosa para decir que no. Me congelé. Lo sabía, él no es lo que dice ser. ¿Que es lo que busca este hombre de mí? ¿En serio quiere que escriba su historia? No, debe haber algo más... oscuro detrás de esa absurda petición. Pero en algo no se equivocaba y es que ese era mi punto débil. La curiosidad. Y él lo sabía perfectamente bien. Gael se levantó, caminó hasta mí, y con esa maldita aura de poder me quitó la taza de café de las manos. —Nos vemos en tu oficina, Daphne. Y se fue. La puerta se cerró tras él y yo me quedé ahí, rodeada de mármol, lujo y cámaras escondidas, preguntándome en qué momento exacto vendí mi alma. O mejor dicho… cuándo la robaron con un contrato en papel n***o y una sonrisa que olía a peligro. Pero si Gael Devereux creía que iba a ser una escritora obediente, estaba a punto de protagonizar su peor pesadilla editorial. Yo escribía tragedias. No cuentos de hadas. Y esta historia, la suya, sería la más oscura de todas mis creaciones.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD