Brianna pasó el resto del día con su hijo, dedicada a mimarlo y consentirlo. Por él había cometido la locura de verse enredada en un conflicto entre dos hombres y por él saldría de esa situación. Virginia, la empleada de la mansión a quien los Harmon trataban como a una más de la familia, la acompañaba en ese momento. Brianna estableció una buena relación con la mujer, porque era amorosa y alegre. George se reía con ella y cuando Virginia se ponía a cantar y bailar con él en brazos, el niño aplaudía feliz. —Este chico es adorable —comentó la mujer comiéndoselo a besos mientras George balbuceaba—. Se robará el corazón de todos en esta casa. —Esa es su especialidad —bromeó Brianna viendo con satisfacción el rostro gozoso del niño. Virginia comenzó a cantar y bailar de nuevo, moviéndose

