Al llegar a la mansión, Brianna se preparó para la cena que esa noche tendría con la jueza del Tribunal de menores sintiendo una presión angustiante en el pecho, que procuró ocultar bajo varias capaz de maquillaje. Eligió un vestido rosa de falda ajustada que le llegaba un poco más abajo de la rodilla, sin mangas y de cuello alto, aunque con una abertura en el pecho que daba un vistazo de sus pechos generosos. Y se dejó el cabello suelto como a Trevor le gustaba. Al encontrarse con él en el salón su mirada llena de admiración le ayudó a sentirse mejor, más segura de sí misma. —¿Estás dispuesta a llevarme a la tumba? —preguntó él con una sonrisa torcida. Ella se degustó con su imagen atractiva y elegante antes de hablar. —Espero lo digas porque te di una muy buena impresión. —Hiciste

