Esa noche durmieron juntos. Una vez más se amaron antes de caer rendidos y abrazados entre sí como si no quisieran perderse nunca. Pasaron la noche arrullados como si viviesen en un solo cuerpo, con sus corazones latiendo a un mismo ritmo. En la mañana se prepararon cada uno en su habitación antes de reunirse de nuevo en el comedor para desayunar. Sus ánimos parecían renovados al sentarse uno frente al otro. Compartieron miradas cálidas mientras comían, siguiéndose en todo momento. Dibujaron tímidas y sensuales sonrisas en sus labios y en ocasiones buscaban provocar roces entre sus dedos al tomar algo de la mesa. Parecían dos adolescentes que recién descubrían el significado de la fascinación. Hasta que la realidad los arropó con sus exigencias y tuvieron que enfrentarla con serieda

