Mis ojos rodean mi entorno, admirando cada rincón. No es que haya posibilidad de escaparme por alguna ventana, a menos que quiera morir al caer en algún risco. He jurado escuchar las olas golpear contra los muros del castillo. La puerta, se cierra detrás de mí, provocando que mi corazón galopee. Diaval, camina, adelantándose para mostrarme su espalda fornida, donde se marcan los músculos que me gustaría arañar mientras me embiste. Si me pusieran a elegir quién ha sido mi mejor sexo, me avergonzaría admitir que Diaval se lleva la delantera. Por cómo me besa, y me venera al provocarme placer. Como si tocarme, le diera más placer…estoy enferma al pensar eso. Él se pasea, rodeando el escritorio, para posar sus ojos en mí. Mi cuerpo se tensa de inmediato. ─¿A qué se debe tu ardiente prese

