Flashback-
Mía estaba en una cafetería, estudiando para sus exámenes finales mientras disfrutaba de un café caliente. Fue entonces cuando notó a un chico sentado en una esquina, mirando su computadora con total concentración.
La curiosidad de Mía la llevó a acercarse y sentarse en la mesa vacía al lado de él. No pudo evitar notar lo guapo que era, con su cabello oscuro y sus ojos penetrantes.
Sin embargo, él no pareció notarla en absoluto. Estaba completamente absorto en su trabajo, escribiendo rápidamente en su computadora y tomando notas en un cuaderno.
Después de unos minutos de observar su intensidad, finalmente decidió romper el hielo.
—Hola, soy Mía. ¿Estás estudiando para los exámenes finales también?
Él levantó la mirada y la miró por un momento, como si estuviera evaluando si hablar con ella valía la pena. Finalmente, asintió: —Charles. Sí, estoy intentando sobrevivir a estos exámenes. ¿Tú también eres estudiante?
Ella asintió emocionada de haber logrado llamar su atención. Comenzaron a hablar y descubrió que tenían varias clases en común. Finalmente, un día, tomó el valor y lo invitó a salir a tomar un café después de la clase. Fue un momento emocionante para ella, ya que sintió que realmente había logrado romper su caparazón.
A pesar de su naturaleza reservada, Charles se mostraba amable. Estar con él la hacía feliz.
.....
Mia sintió una oleada de felicidad cuando pensó en la primera vez que conoció a Charles. Pensando en esto, se despertó de un sobresalto y esperó el regreso de su esposo.
Finalmente, a la una de la madrugada, Charles finalmente regresó.
Llevaba un traje n***o, pero ya se había quitado la chaqueta y se la había puesto sobre el hombro. También tenía las mangas arremangadas y los primeros tres botones de su camisa de vestir desabrochados. En general, parecía desaliñado y cansado, pero seguía tan guapo como siempre.
—¡Estás de vuelta! —exclamó emocionada y corrió hacia donde estaba. Ya se había olvidado de cuánto tiempo lo había esperado y estaba rodeada de felicidad.
Charles, sin embargo, permaneció en silencio y solo miró la mesa de comida.
—¿Ya comiste? ¿Quieres que te caliente algo de comida? También compré tu pastel de chocolate favorito en la panadería de al lado. ¿Quieres que vaya a buscarte un trozo? Podemos comer juntos y hablar sobre tu día.
—Estoy cansado.
Su sonrisa cayó un poco, pero lo entendió. Debía estar cansado por la reunión de negocios.
—Oh, entonces tal vez podamos comerlos como desayuno mañana-
Antes de que pudiera terminar su frase, él ya había pasado a su lado y había subido las escaleras.
Su voz emocionada flotaba en el aire y se sintió un poco avergonzada. Quizás se hizo demasiadas ilusiones.
Pero en ese momento, mientras observaba la mesa llena de comida preparada para una cena romántica que nunca iba a ocurrir, se dio cuenta de que había sido ingenua al pensar que algo había cambiado entre ellos.
Las palabras hirientes de Jasmine y su arrogancia le recordaron la realidad de su situación. Aunque vivía bajo el mismo techo que Charles, no eran más que extraños. Su conexión con él no era más que una ilusión creada por su deseo de que las cosas fueran diferentes.
Sintió un nudo en la garganta y un dolor profundo en el pecho. Simplemente se tragó el nudo que tenía en la garganta y colocó toda la comida en el refrigerador. Escuchó su estómago retumbar ya que aún no había cenado, pero no le prestó atención.
Tampoco tenía más apetito.
Regresó a su habitación, abatida. Pasó por su oficina y vio que la luz todavía estaba encendida.
—Probablemente hoy volverá a dormir allí —murmuró con nostalgia. Parecía que volverá a dormir sola esta noche.
Aunque no pudo dormir bien anoche, todavía quería levantarse temprano para poder ver a Charles desayunando.
Salió de su habitación y se sorprendió al ver a Charles saliendo de su oficina.
Mia le sonrió. —¡Buenos días! —días.
Charles frunció el ceño. Pero todavía Mia se sintió feliz porque él asintió cuando lo saludó.
Bajaron juntos las escaleras, él delante y ella detrás de él. Se sentaron a la mesa, pero frunció el ceño al ver que la comida en la mesa no era la que preparó anoche, sino la que prepararon las criadas.
Lo miró mientras comía. Sus cejas se fruncieron mientras se concentraba en comer. Quería extender su mano y suavizar su ceño porque se veía mejor cuando sonreía.
Era muy temprano en la mañana, pero se sentía muy feliz de ver a su apuesto esposo frente a ella.
—¿No vas a comer? —preguntó, su voz ronca y profunda.
Se sonrojó y agarró su cuchara. —Sí, comamos juntos.
Sin embargo, justo cuando estaba a punto de llevarse la papilla a la boca, Charles dejó sus cubiertos y se levantó de su asiento.
También dejó su cuchara y lo siguió. Lo agarró del brazo. —Hoy voy a ir a ver a mi mamá al hospital —dijo y suspiro—. ¿Quieres venir conmigo?
Charles sé pellizcó el puente de la nariz y suspiró. —Envíale mis saludos. Tengo un viaje de negocios. Regresaré en dos meses para ese entonces quiero que empaques y arregla tus cosas para que te marches de aquí.
Lentamente soltó su brazo y asintió entendiendo el significado de sus palabras.