Lorraine no pudo hacer más que quitarse los tacones en cuanto bajó del auto, para luego caminar descalza por el suelo de mármol de la casa. No le importó escuchar los pasos de su marido detrás de ella, ni tampoco que los ojos de él irradiaran fuego. No había hecho nada nada malo, había bailado una pieza con Hamilton por educación y también para antes de marcharse, poder pedirle disculpas de nuevo por el comportamiento grosero de su marido. Hamilton era un hombre sumamente agradable, un excelente conversador y demasiado grácil en realidad. No había hecho nada malo para ganarse el repudio de su marido y si Giovanni tomaba un mínimo pretexto para descartarlo, el que estaba actuando de forma inmadura era él. Ella no pensaba invertir realmente, si no deseaba mostrar a su marido que ella podía

