Muchas cosas pasaron por la cabeza de Lorraine cuando el jet se elevó de suelo monegasco para izarse entre las nubes en dirección a Mykonos. Deseaba tiempo sola para procesar lo que vendría en el futuro. Tendría que hablar con su padre, tenía que decirle que su matrimonio se había ido a la borda y debía intentar que Antoine no centrara la culpa en Giovanni. Giovanni no era el culpable de amar a otra mujer. No podía ser juzgado por ello. La mujer miró por la ventana, la noche apenas y le permitía ver las luces del avión y unas cuantas nubes cercanas en las que se perdía. Recordaba aquella noche, su noche de bodas en la que las cosas no habían salido como hubiera esperado. Siempre deseo una boda enorme, con un lindo vestido blanco que su marido arrebataría de su cuerpo el día de la noche

