Giovanni alargó su mano, palpando a lado de la cama buscando el calor de su esposa, pero no se encontraba allí. Abrió sus ojos de golpe buscándola, pero solo se encontró una habitación vacía y el sonido melódico de las aves que anunciaban la llegada de la mañana en una zona tan natural como esa. Los árboles se movían con fervor debido a la brisa mañanera y a través del enorme cristal de la habitación que daba hacía afuera pudo notar algunos pájaros parados en algunas ramas, moviéndose de manera peculiar y divertida entre las hojas. Los rayos del sol que se filtraban por el cristal le hicieron entrecerrar los ojos y luego colocar su mano sobre ellos dándose cuenta de que era temprano. ¿Las siete u ocho tal vez? ¿Dónde estaba Lorraine? Esperó unos segundos a que la sensación adormilada que

