Como una adolescente me derretí entre sus brazos. Todo se sentía tan bien pero sabía que estaba tan mal, esto es una locura que debe acabar… pero ¿Cómo podía no sentirme débil ante sus besos? Cuando Nicholas LeBlanc me tocaba, yo simplemente me transportaba a otro mundo. Sin dejar de besarnos él se fue levantando hasta que su pecho impactó contra el mío con suavidad y cuando él se coló entre mis piernas recuperé un poco de la cordura que había creído perdida. Y supe en ese momento que tenía que apartarme enseguida. — ¡Aléjate Nicholas! Él me miró curioso pero si se apartó. —Esto no está bien, nada está bien. —Claro que sí, estamos hechos el uno para el otro. Ante esto yo me levanté y solté una risita incrédula tratando de disimular que sus palabras me habían afectado. —

