Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, una mujer se encontraba en una habitación oscura, atada de pies y manos, siendo azotada, sin piedad. En el interior de su centro, dentro de su cuerpo había un vibrador, que no paraba de enviar ondas de electrochoques, por todo su cuerpo. Haciéndola, gemir aún más fuerte, mientras que, por su parte trasera, tenía enterrado un dildo de 25 cm, el cual, cada cierto tiempo, se iba agrandando, mientras absorbía los fluidos de la mujer, los azotes infligidos, en todo su cuerpo le habían dejado, marcas muy profundas lo suficiente como para poder visualizar, rastros de sangre en dichos lugares, el hombre, que sostenía el látigo, se reía de ella, mientras decía. —¿Qué te ocurre, Erika? No puedes aguantar más. La verdad, es que me decepcionas mujer. Te dije

