Sara, se encontraba atónita, con respecto a la declaración por parte de Caspian. Ella se quería reír, pero reír a carcajadas, mas, no obstante, tuvo que aguantarsela, la cara del hombre se veía, muy seria con respecto a aquella pregunta. Si se burlaba, en ese momento, estaría lastimando el poco orgullo, que le quedaba a Caspian, de todo modo no podía, ni tampoco era tan perversa, para hacerlo. Así que sonriendo le tocó el rostro, y haciendo un esfuerzo, en sus cuerdas vocales. Dijo en un susurro. —No puedo, gritar, ni gemir. Porque, ya no tengo voz. Y de cierto modo, Sara tenía razón, se había quedado sin voz, desde hace rato, por lo tanto, no podía gritar y gemir desde el día anterior. Caspian, la había dejado sin voz, por tantas, penetraciones que le infirió. Caspian, al darse cuenta

