CAPÍTULO TREINTA Y NUEVE Completamente solo y justo al norte del Bosque de las Espinas, en una llanura vacía debajo de un antiguo árbol y con sus ramas ocultándolo, estaba un solitario huevo. Un huevo de dragón. Estaba ahí solo, largo y púrpura y duro, cubierto con escamas y como esperando a que llegara su padre. Estaba muy fuera de lugar aquí en Escalon sin estar rodeado de fuego líquido y lava y cenizas, sin estar rodeado por dragones que volaban sobre este protectoramente esperando a que saliera del cascarón. Ya podía sentir que era diferente a todos los demás. Estaba ahí esperando morir o salir del cascarón. Podía sentir lo vulnerable que era. A pesar de todas las probabilidades, había sobrevivido. Habían venido animales oliéndolo con curiosidad pero todos lo habían dejado. Pero a

