Así estuve durante toda la tarde, y luego de estar una hora y media probándome prendas, alguien llamó a la puerta. Esta vez no invité a nadie a pasar. Me coloqué el short deportivo y el top blanco y abrí la puerta. Del otro lado estaba Martin, con una caja de tequila y un sobre. Tenía el ceño fruncido, pero también una mirada preocupante. Yo no supe qué decir. No comprendía la situación, y por suerte él no perdió tiempo en hablar. —Susan… —mi nombre dicho por su voz sonaba tan bien— no quiero ser un amargado y aguafiestas, pero eres menor, no puedes tomar alcohol… —me replicó con un tono bastante serio. Yo arqueé perpleja una ceja. —¿De qué hablas? Martin miró la carta y me extendió el sobre. En la parte trasera estaba escrito mi nombre con un marcador fucsia, y reconocí de inmediato

