El espejo le devolvió la mira de una mujer joven, hermosa y elegante. Reflejaba amabilidad y toda delicadeza. Aquella mujer en el reflejo era Anna, la Anna que todos querían y que le mostraba al mundo. A veces le era difícil suprimir su naturaleza en una máscara de bondad y sutileza. Había Sido criada para ser la mujer perfecta, los mejores maestros, clase de protocolo, tenis, equitación, Ballet, piano y un sin fin de cosas que sus padres la habían o******o hacer. A lo largo de los años ella había d*********o que nada de eso la hacía feliz, nunca le importaron esas clases. Su madre siempre le recordaba que todo eso le serviría para ser una buena esposa y encajar en la sociedad. Sus mejor años de adolescente fueron en el internado de señoritas, que de señoritas no tenían nada, las reglas

