CAPÍTULO 10

3327 Words
—Mikhial, no sé, si te has dado cuenta, pero cara de pendejo no tengo—le reprochó Richard por teléfono. De por sí, ya era bastante, frustrante tener esa sensación inquietante en el estómago, quería sacarse esa espinita de una vez. La foto que vio en el despacho de Mikhail Wolton, lo tenía inquieto. No sabía que era, pero le daba la impresión de que conocía a esta chica de algo, solo esperaba que no fue parte de su pasado. —Te dije que no iba a ser fácil, deja la impaciencia, hombre. — La paciencia no es una de mis virtudes, ya deberías saberlo. —Todavía no he podido concretar una cita, como te dije, está de luto. —Tengo la dirección de su casa —amenazó. —Déjate de tonterías, no es algo que puedas arreglar yendo a su casa, se sensato. —Nada más te advierto, que la escasa paciencia que tengo, ya se me estaba acabando —sentenció. —Déjalo todo en mis manos. —Nada mas te recuerdo, que me estoy hartando. Dicho eso Richard colgó. Volvió a tomar la foto en sus manos y la miro. ¿Quién eres Anna Western? Y sobre todo ¿Por qué estás en sus pensamientos? Se cuestionaba sus acciones cada rato, esta era solo una extraña que probablemente, también lo sería después de casados. Googleo el nombre de la muchacha, con la idea de investigar más sobre ella; encontró innumerables fotos, lugares en los que se le había vistos, y haciendo obras de beneficencia. Una foto lo llevo al i********: de ella, donde su última foto fue hace más de cinco meses, no tenía recientemente nada en sus historias. Impulsado por algo, la siguió en redes y comento su última foto, en donde se encontraba en un orfanato. Era algo corto lo que escribió; " Eres una mujer de ejemplo" listo. Luego la siguió en Twitter y en su página de f*******:. No había terminado de stalkear a la chica cuando, varias personas comenzaron a responder el comentario que el dejo en una de las fotos. ¡Vaya por Dios! la gente sí que es metida. Los ignoró a todos y siguió acosando las redes de su posible prometida. La puerta de su cuarto de abrió, alzo la mirada y vio a su hijo de pie en la entrada de su dormitorio. — ¿Que pasa campeón? — pregunto curioso, dejando el celular a un lado. Ethan, vacilo un poco antes de tomar aire y hablar. —Nada... ¿Puedo quedarme contigo? — sus ojos rogaron. —¿Que? —No quiero dormir solo— se explicó el niño. —No. Vete a tu cuarto— negó sin dar su brazo a torcer. —Pero... — Tienes edad para dormir solo. — zanjo el tema volviendo a su celular. El niño agachó su mirada y dio media vuelta. Suspirando Richard miro su celular y luego la puerta. —¡Bendito! — exclamó al cielo, yendo detrás de su hijo. Lo encontró frente a su propia habitación, mirando la puerta sin atreverse a entrar. Lo miro detenidamente durante unos segundos, tomando valor decidió hablar. —¿Qué pasa? —su hijo no se giró ni dijo nada. —¿Tienes miedo? ¿Porque no quieres entrar al cuarto? —No quiero estar solo —murmuró. Richard miro al techo. Se supone que estas son cosas de una madre, pero no soportaba ver a Ethan tan decaído. — Vamos — dijo dando la vuelta, al ver que no lo seguía repitió—. Vamos, dormirás por el día de hoy conmigo. Pero nada más hoy, eh. Lo vio dar un brinquito e ir detrás de él. De vuelta en su dormitorio, mientras su hijo se subía a la cama, él apagó el portátil y los focos, dejando solo la lámpara de su lado de la cama encendida. Tomo su celular, se subió a la cama y miro a Ethan quien a su vez le devolvía la mirada. —¿Qué? — debía de aprender a ser más cariñoso ¡Por Dios! — Me preguntaba... si mañana podías pasar tiempo conmigo— murmuro. Mañana...mañana ¿Que tenía que hacer mañana? Si, mañana tenía un desayuno con un socio importante, mucho trabajo, un almuerzo con los de diseño y... un sinfín de cosas más. —Creo que no. —Papá...—Al escuchare ese tono no se atrevió a mirarlo, pero el niño volvió al ataque. —Paaaa... Lo miro resignado. Dios, esos ojos siempre lo ablandan. —Está bien, almorcemos. Pasaré a buscarte a la escuela. El niño sonrió feliz. —Tengo un compañero, que tiene una madre, hermosa y está embarazada —empezó a decir. Se recostó más cerca de su padre, y siguió hablando—. Él también va al entrenamiento de fútbol, y su mamá nos lleva dulces, dice que eso activa y da más energía. —Aja... — comento sin dejar de teclear en el celular—. No está bien comer cosas que te den los extraños. Además, ¿para qué le quiere dar más energías? Con razón es que nunca paras, hijo. —No es una extraña, ella siempre estaba en los entrenamientos y trata bien a mi amigo. Lo que quiero decir, es que ella también trabaja... y siempre saca tiempo, varias veces su padre fue a vernos practicar. —Quizás, el trabajo de ella no es tan duro como el mío. —Si, será... —Escucha, campeón— dejo el celular y miro los ojos de Ethan— ¿Sabes que te quiero? — su hijo asintió con la cabeza— lo siento, pero tengo cosas importantes que hacer siempre, te prometo que en verano nos iremos tu y yo a un campamento padre e hijo. —Lo mismo prometiste el año pasado y fui solo— le recordó. —Esta vez va a hacer diferente—prometió —estamos a mitad de marzo, puede que muchas cosas cambien. El niño lo miro ilusionado. —¿Hablas enserio papá? —Claro que sí Ethan se lanzó a sus brazos, encantado. —No me falles, papá. No te perdonaría esta vez. —No te voy a fallar. — se acomodó con él en la cama, y lo abrazo hasta que su hijo se quedó dormido. Pensó en cargarlo y llevarlo a su propia habitación, pero seguro que se molestaría al día siguiente. Le beso la coronilla, a veces quería ser un buen padre, pero no sabía como. Una de las cosas por la cual buscaba una esposa era por su hijo, quería a alguien amable para él, que cuidara de su niño, y fuera los entrenamientos de fútbol, porque él no podía. Una madre de seguro lo haría, aunque no tuviera fe en las mujeres. *** Eran las ocho de la mañana de un lunes. La junta directiva de Industrias WesterTex citó a su presidenta Anna Western, quien a su vez aplazó la junta para horas de la tarde, dado que quería conocer lo que decía el testamento. En la mansión Western, nuevamente entraron los abogados, Valentín Bianchi y Paolo. Ella los saludo debidamente y los condujo al despacho en donde estuvieron la última vez. Estando todos, Anna procedió a disculparse. Se coloco de pie al lado del abogado. —Espero que todos estén bien — tomando su larga cabellera con una mano, se la coloco a medio lado–. Antes que nada, les ofrezco mis sinceras disculpas, no era mi intención salir de esa manera, pero enterarse de que me tengo que casar no es algo agradable. Quiero que sepan que yo no actúo así, pero todo me tomo desprevenida...Lo lamento, espero que ustedes caballeros, me disculpen y que mi familia me perdone. — termino. Los miro a casa uno esperando que dijeran algo. Anna sentía todo, menos culpa. No era un secreto que ella prefería estar en cualquier lugar menos allí. —Ciertamente, Señorita Western, entendemos — comento Valentín—, pero espero que acepto cualquier termino que su hermano haya colocado en el testamento, sobre todo porque hay serios problemas dentro de la empresa —la miro seriamente—. Como usted no se a dignado a aparecer por esos lares —acuso—, las cosas no se han podido arreglar. Ella lo miro con paciencia, pero por dentro quería reventarle la cara. —Señorita Western, solo le pedimos que no vuelva a salir corriendo, por favor — pidió con amabilidad Paolo, en su singular acento italiano. —Solo, terminemos con esto, tengo cosas que hacer — hablo la anciana con tono aburrido. Volviendo a su lugar, sin mirar a nadie más, con la mirada gacha. Ella escucho atentamente. Sinceramente tenía miedo de escuchar lo que estaba escrito, pero con el dolor su alma tuvo que quedarse allí, callada y atenta a todo como una buena chica. El abogado volvió a empezar desde cero y esta vez no tuvo ganas de llorar, la todo lo que su hermano dijo antes le parecía hipocresía. Y ella lamentándose por no pasar tanto tiempo con él, en la primera lectura del testamento sintió empatía y remordimientos. Ahora lo que sentía era enojo, engaño y rencor. Cuan patética había sido al pensar que su hermano la había querido tan siquiera un poquito. En fin... la hipocresía Western haciendo acto de presencia. Su mente se encontraba divagando, pero su oído capto el momento en que el abogado llego a la parte de su sentencia. El corazón le empezó a latir más rápido, en anticipación y a la vez renuente. — Anteriormente, ya habíamos citado la parte de los requisitos, pero lo volveremos a hacer; Anna como presidenta; 1. Tomar la presidencia de Industrias WesternTex; como sé que la directiva pondrá prometas he diseñado varias estrategias que son las siguiente; Valentino se encargará de buscarte un esposo acorde, y que sea aceptado por la junta directiva, más que la junta, este debe ser aceptado por él y Paolo, si ya tienes a alguien en mente, puedes comentarlo y este pasara por el escudriño de mis dos buenos amigos, que te asesoraran en todo. Te preguntaras porque te estoy forzando a un matrimonio convenido, fácil. No le dejare la empresa a cualquiera, y mucho menos a los buitres de los socios. Anna, se que tienes carácter, bajo todo ese manto de sumisión hay una mujer empoderada que no se rebaja. Te estoy colocando como presidenta. Como mujer, muchos no te aceptaran. Perdóname si estas enamorada y te ponga entre la espada y la pared, aunque lo dudo, durante mucho tiempo no sales con nadie y solo ves a Carlos como amigo. Como presidenta debes de tener más cuidado con tu afición, me temo que tendrás que dejarlo. Anna, no supo que era respirar en ese momento —¿Dejarlo? —pensó casi temblando de miedo. Lo único que la hacía sentir libre, ella tendría que dejarlo. Sintió ganas de llorar, gritar y romper cosas, pero como hacia siempre que tenía público se controló, y su sonrojo pareció el de una tica tímida, pero realmente era de rabia. Nuevamente enjaula en las rejas de la sociedad y el dinero. —Como sé que eres un pajarito que quiere volar libre, Anna, podrás divorciarte a los dos años de casada... Alzó la cabeza de inmediato al escuchar aquello. Una luz de esperanza al final del túnel. Pero no se confió del todo. —Solo, si tu matrimonio no va bien y el hombre en cuestión te trata mal, y haya pruebas de esto, te pido que no hagas nada para que esto suceda. Trata de ser feliz y enamorarte de este hombre. No te atare a ser madre, así que si no quieres no tengas hijos y este hombre en cuestión no te podrá exigir serlo. En otra carta que le entregue al abogado, te dejo una lista de los socios y personas importantes de la empresa, en ella detallo tal y como es cada una y sepas manejarlo. Tu esposo también tendrá participación en la junta directiva, y podrá tomar decisiones conforme a la empresa, solo si es aprobada previamente por valentino y Paolo. Confió en ellos para dirigirte en este camino y elegir un buen marido. En tus manos dejo el futuro de Abby y la abuela. Se que jamás quisiste tener nada que ver con la empresa familiar y fuiste obligada a muchas cosas, perdóname por tener que usar esta trampa. También, deberás hacer acto de presencia en la empresa, que todos sepan que la presidenta esta allí como una gacela, no pierdas nada de vista. Has aliados por tu cuenta y revisa todo meticulosamente. Si decidas que la familia no es lo mas importantes y no quieres tomar el cargo, tu hermana no tendrá nada y tu abuela solo vivirá de la pensión del abuelo. La empresa quedara a cargo de algún socio, y mis acciones serán repartidas a todas las fundaciones de beneficencia, y todas las propiedades serán vendidas. Las inversiones en otras empresas también irán a la beneficencia. Te recuerdo que posemos el 65% quien sabe si la empresa se sostendrá, lo mas probable es que no. Y así todo el fruto de los Western desaparecerá. Esta es mi última voluntad. —Antonio Western —Esta aquí la lectura, le informo que estaré haciendo el seguimiento de todo, la espero en la reunión de accionista en la tarde— termino de decir el abogado—. Además, debe firmar unos papeles, pero entiendo que deba descansar un poco y asimilarlo, así que vendré mañana a primera hora con los documentos. No había terminado de digerir todas esas cosas cuando Valentín, le soltó de repente: —Tienes una cita con el candidato este fin de semana, te enviare la dirección y espero no faltes, ya tu hermano me ha contado todo de ti— se inclino en una reverencia y salió del despacho, de tras de siguió Paolo y los abogados. Su abuela se puso de pie delante de ella. —Espero que no actúes inmaduramente otra vez, muchachita, y te comportes como debe ser. Ya era hora que tú hermano te controlara — con una mirada desaprobadora también dejó la habitación. —Anna, no quiero ser una carga, pero, hermana. Solo tengo quince años, lo que se que decidas lo aceptare— con una sonrisa triste la dejó sola. ¿Qué iba a hacer? Estaba acabada y arruinada. Por primera vez en su vida se sintió mas pequeña, mas infeliz. Odiaba su vida, odiaba el lugar en el mundo que le había tomado. Odiaba a todos. Jamás pensó en casarse. Nuevamente cortaban sus alas para volar, nuevamente era prisionera en esa preciosa jaula de diamantes forjada en oro. ¿De que valía el dinero? si al final este te hacia esclavo. Siempre d***o haber nacido en una familia normal de clase media, y padres normales. A ves envidiaba tanto a Carlos. Su familia era genial. Respiro un par de veces para controlarse, pero luego de unos minutos no lo soporto más y estallo. El vaso que había estado sosteniendo termino roto al otro lado de la habitación, el cenicero a su lado en el suelo, los otros vasos fueron cayendo uno a uno en cualquier lugar del despacho, rotos. Cuando dio un manotazo en la mesa, soltó un chillido y sintió un ardor en la palma de su mano izquierda. Miro hacia abajo y se dio cuenta de que varios cristales se le habían insertado en la mano. —¡Maldita sea! —grito frustrada. Salió del despacho, aun mas enojada. Los empleados la miraban de reojo. Pero Anna tenia tanta rabia que no les dio importancia. Ni una sola vez había derramado una gota de lágrima de sus ojos. Anna no era de las que lloraban, ella era de las que se enojaba con el mundo. Subió a su habitación y como pudo se cambió, salió por la parte de atrás de la mansión y se dirigió a un hospital. *** Eran las once de la mañana cuando Richard, salió de la empresa en dirección a la escuela de su hijo, había pensado en posponerlo, pero ya se sentía bastante mala por Ethan. No era justo para él. Así que decidió, cancelar el almuerzo que tenia con uno de los nuevos inversionistas e ir a por su hijo. Al llegar a la escuela, pidió ser presentado ante la directora. Ethan estudiaba en una escuela en donde su salida era a las tres de la tarde. Para ese día iba vestido como todo un hombre de negocios, su traje azul marino a la medida que lo hacía ver más alto e impotente, unos zapatos marrones de marca italiana, nada mas de solo verlo, todo en el gritaba ¡Dinero! Se había recortado la barba y llevaba el pelo recogido en un moño bajo, varias personas le habían preguntado del porqué no se cortaba el pelo. Eso nunca lo haría y así se los hacia saber. Entro con paso firme, algunas miradas de las profesoras se posaban en él, el saludo cordial, hasta llegar a la oficina de la directora. La mujer no puso ningún pretexto y le dio carta blanca, salieron de la oficina y lo condujo hacia el salón de su hijo en donde este ya lo esperaba con maleta en mano, al verlo Richard alzo una ceja. —Señor Williams—saludo la maestra acercándose rápidamente. Ethan a su vez corrió a abrazar a su padre. —Señorita Colliwong — respondió con una sonrisa. La maestra quedo encantada, luego precedió a realizar alabanzas sobre lo bueno que era Ethan. —Termino su tarea antes de lo previsto, entonces ordeno sus cosas y dijo que lo esperaría, ya que usted había prometido venir a buscarlo. Miro a su hijo, sintiéndose culpable, por casi lo deja plantado. —¿Podemos irnos ya papa? —urgió. —Si —acaricio su cabello ondulado que llevaba hasta los hombros. Miro a las dos mujeres que esperaban que dijera algo. Les sonrió. Se despidió con una inclinación de cabeza. — Hasta luego, bellas, damas. Agarro a su hijo por una mano. Antes de irse observo como Ethan, se despedía con un gesto de la mano de un niño medio rubio. Salieron de la escuela. En el en coche el niño volaba en una nube de felicidad. —¿Adónde quieres ir? — pregunto. —¡Luna park! —exclamo emocionado. Hacia tanto tiempo que no salía con su padre. —Noooo–se quejó Richard– ¿En serio? No quiero ir a Brooklyn —Papa... —Está bien, está bien—acepto dirigiéndose allí. —. Pero primero comeremos. —Podemos comer pizza—dijo. Richard suspiro. Su hijo nuevamente comenzó a hablar de la escuela, y de la fabulosa madre de su amigo, ya le entraba curiosidad de quién era esta mujer. También, le comentó que la maestra le sugirió, que hablara bien de ella delante de él, y como esta siempre lo trataba mejor que a todos. Eso lo hizo reír, ni en un millón de años se metería con la maestra de su propio hijo. Luego de una hora, llegaron al emblemático parque de diversiones, la euforia de Ethan lo llenaba de felicidad. Por mucho que esta quisiera opacarse al ver los padres con sus hijos o madres llevándolos. El parque no estaba muy lleno, mejor. Así no s ele perdería ese niño intranquilo. Lo tomo por la parte de atrás de la chaqueta, antes de que empezará a correr por ahí. —Primero a comer —sin soltarlo, lo condujo a un restaurante de pizza. Se sentaron en una de las mesas y ordenaron lo que querían comer, estaban esperando su pedido cuando sonó la campana de la puerta principal. Richard, impulsado por la curiosidad giro la cabeza hacia la puerta. Y Entonces la vio, a la persona que espero no volver a ver. Era ella.
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