Cafetería Motto's, Washington D.C.
19 de Agosto, 2013.
Detestaba tener que andar corriendo de un lado a otro, pero si quería cumplir con todas sus metas, tendría que tolerarlo.
Linav llevaba sus apuntes de biología en una mano junto con su monedero y acababa de agarrar el café de la barra con la otra.
Había mucha gente esa tarde, parecía estar más llena que nunca y claro, tenía que ser el día en el que más apurada estaba.
Ciertamente pudo haberse saltado el café e ir directo a la universidad, pero tratándose de ella, y del hecho de que estaba estudiando medicina, eso no era una opción.
—Con permiso, disculpe, lo siento, permiso —perdió la cuenta de cuantas veces lo había dicho a medida que avanzaba por el pasillo.
Como si no fuese suficiente el estrés de llegar tarde al grupo de estudio, sumado a la cantidad de personas que la sofocaban por el calor y la forma en la que tenía sus manos ocupadas, su teléfono comenzó a sonar indicando que tenía una llamada entrante.
Ahogó un grito de desesperación en el momento en el que una niña junto a su abuela, se quedaron de pie en el medio de su camino tratando de encontrar una mesa para sentarse. Era obvio que no encontrarían una mesa pronto.
El celular continuó sonando, un niño comenzó a llorar, alguien la pisó, a la abuela se le cayó la cartera... estaba a punto de explotar.
Debía tener su cara "Linav en modo asesino" activada.
Finalmente consiguió pasar por un lado de la abuela y caminó a todo lo que sus pies, y las personas, le permitieron hasta que finalmente salió de Motto's.
Nota mental: Nunca volver a Motto's un viernes a las cuatro de la tarde.
Respiró profundo intentando calmarse a medida que se acercaba a su auto, pero sabía que ya estaba lo suficientemente enojada y con mal humor como para que cualquier cosa pudiese tranquilizarla.
Colocó el monedero y la hoja con cuidado en la misma mano con la que sostenía el café y buscó entre sus bolsillos las llaves del auto.
El teléfono había comenzado a sonar de nuevo así que, soltando un grito de queja, contestó y lo colocó entre su oído y hombro para seguir buscando las llaves.
—¿Qué? —contestó de mala gana y quizás más fuerte de lo que era necesario.
—Lo siento, no era mi intensión molestar.
Una pena muy grande inundó a Linav, cerró sus ojos reprochándose a sí misma en cuanto se dio cuenta de quien la estaba llamando.
—No, Boo, no molestas, lo siento —respondió inmediatamente—, es que estoy un poco estresada, ni siquiera noté que quien llamaba eras tú.
Ella le decía Boo a su nueva mejor amiga porque a veces llamarla Boneka era un poco largo. Se habían conocido apenas unos meses atrás pero el lazo que se formó entre ellas las unió irremediablemente.
Continuó buscando la llave del carro y no la encontraba en sus bolsillos.
—Disculpa, si estás ocupada puedo llamar después —dijo suavemente.
—No, está bien —colocó el café, la hoja y el monedero sobre el capó del auto—, dime, ¿qué sucede?
¿Dónde estaban las llaves?
—Bueno, de igual forma seré rápida —habló animada—, ¿esta noche te gustaría quedarte en casa?
Definitivamente no tenía las llaves del auto encima, pasó una mano por su cabello completamente estresada.
—Sí, está bien, estaré allí a las ocho, le pediré permiso a mis padres — respondió agitada —, te llamaré luego, estoy súper apurada y creo que dejé las llaves del auto en el mostrador.
—¿Estás por segunda vez en Motto's? —le preguntó la chica.
—Sí, lo siento, me atrae como imán —sonrió al fin tomando de nuevo las cosas con una sola mano —, hasta luego, Boo.
—¡Cómprame chocolate!
—¡Chao, chiquilla! —reprendió riendo un poco y mientras la escuchaba quejarse, cortó la llamada.
Atravesó la puerta principal y el olor a café le golpeó el rostro, al menos eso podría traerle un poco de calma interna.
Esquivando a las personas cómo bien podía, llegó al mostrador.
—¡Jota, disculpa! —llamó al chico que ya conocía — ¡Jota!
Pero este estaba entretenido con el café.
Frustrada se dirigió a la cajera.
—Con permiso, disculpe, solo voy a preguntar algo —anunció a las personas mientras pasaba de ellas para llegar a la cajera.
Algunos discutieron, otros no dijeron nada, en realidad no le importaba.
—¡Betty! — le llamó apenas llegó cerca de ella.
Pero entonces la mujer, que le hacía una mueca de desaprobación, ya tenía las llaves alzadas en lo alto para que ella las tomara. Era una de las ventajas de que la conocieran en ese lugar.
—¡Eres un amor! ¡Gracias! —dijo tomando las llaves.
—¡Y tu muy atolondrada! —la escuchó decir para cuando se encontraba dándole la espalda.
Ahora intentaba salir de en medio de la cantidad de personas que la rodeaban, ese era el verdadero reto.
Tenía el café americano en su mano derecha y realmente quería darle un buen sorbo, pero debía esperar a llegar al auto.
En medio de empujones, quejas y pisotones, Linav logró visualizar la puerta de salida, nada quería más que salir ya de aquel lugar.
No miró en otra dirección y ese fue el problema.
Sintió que su cuerpo chocó contra algo y el agarre sobre su café se debilitó, el mismo salió disparado de su mano y de esa forma ella cayó hacia atrás sintiendo el líquido caliente caer sobre su cabeza.
Se quejó ante la sensación de calor en su piel y el golpe contra el suelo.
—¡Chica! ¡Lo siento mucho! — dijo una voz gruesa. Ella quitó el café y la crema de sus ojos.
—Soy una tonta —se reprochó —, es mi culpa, lo siento.
Miró hacia el frente para encontrarse al señor con el que había chocado. Por un instante pensó que se había topado con La Roca, pero su vista se enfocó demostrándole que estaba equivocada.
—¿Te encuentras bien? —preguntó el hombre extendiéndole la mano.
Ella asintió y aceptó la ayuda, quería salir corriendo del lugar.
—Lamento esto, estaba realmente apurada y no lo vi —volvió a disculparse mientras se ponía de pie.
—Está bien, no te preocupes, pero ahora te has quedado sin café.
Linav pudo haberle dado una respuesta sarcástica, sin embargo, algo la hizo contenerse.
—No importa, hay demasiada gente y ya me tengo que ir, disculpe, hasta luego.
Suspiró y negó con la cabeza mientras rodeaba al moreno para salir de allí.
—Chica, ¿vas a dejar tus cosas? —otra voz entró en la conversación haciéndola girar.
Al observar mejor, un hombre joven estaba inclinado recogiendo sus cosas del suelo.
No podía ser posible que estuviese tan despistada y desorientada, quiso golpearse a sí misma.
—Lo siento, tengo una gran preocupación en mi cabeza y no sé qué me sucede hoy —explicó demasiado apenada para poder controlarlo.
El joven se enderezó con las cosas en su mano y Linav pudo verle mejor.
Era guapo, punto.
Veintitantos, alto, blanco, grandes ojos marrones, cabello amarillo y una hermosa sonrisa. Este la examinó de pies a cabeza sin dejar de sonreír, cosa que la aturdió un instante.
—Nos pasa a todos, es por eso que este sujeto se ha chocado contigo también — habló al cabo de unos segundos y le extendió el monedero, las llaves y la hoja con una mano —. ¿No es así, Theo? —le golpeó el hombro al moreno sin despegar la vista de ella en ningún momento.
Era obvio que se conocían, el moreno era solo un poco más alto que él y bien podría ser su tío o algo por el estilo.
—Gracias —respondió tomando sus cosas.
El caso era que el chico era muy atractivo y ella se había caído frente a él.
—Supéralo —el moreno le golpeó el hombro de vuelta—, disculpa todo esto.
—Sí, yo, me tengo que ir, no hay problema —reaccionó y les dio la espalda sin más.
—No olvides que él te debe un café —agregó el joven.