Boo había ido de viaje a Nueva York con su padre, tenía allí alrededor de un mes así que toda la comunicación que tenían era a través del celular. —Es que yo sé que me oculta algo. Lo presiento — se quejó tirándose en la cama. —Bueno, si me das permiso, puedo investigarlo — respondió Boo —, siendo mi padre el Presidente, la cobertura de la información que puedo obtener es más amplia. Hay que sacarle el provecho a esta posición. No era una mala idea, quizás Boo podría conseguir grabaciones de las cámaras de vigilancia del gimnasio al que él iba, o quizás algo mucho más interesante que eso. Era una gran propuesta. —No, Boo, está bien — llevó la mano libre hasta su rostro —, no puedo dejarte hacer eso, es como un acto de desconfianza demasiado grande, no. La escuchó bufar. —Me frustras

