—Estoy preocupado por todas las llamadas que te hizo Colombia por la mañana —le confesó Ecuador a Perú con una mueca inquieta mientras sujetaba un vaso desechable de café—. ¿Y si era una emergencia? —No me hagas sentir mal por tener el teléfono en silencioso —dijo el peruano cabizbajo frotándose los brazos por encima de su suéter anaranjado; hacía algo de frío allí en territorio estadounidense—. Seguramente están bien... si hubiese sido una emergencia seguro que te llamaba a ti en vez de a mi. —Bueno, si es verdad... —estuvo de acuerdo el ecuatoriano y luego frunció el ceño haciéndose el molesto y dijo—: ya se están tardando mucho —refiriéndose a Panamá, Brasil y el uruguayo, quienes ya llevaban un buen rato dentro del pequeño baño del aeropuerto, demasiado tiempo como para sólo estar ha

