Pasado Third Reich observó de lejos como aquél hombre eslavo abría la ventana de su oficina y encendía un cigarrillo maltratado, el cual había sacado de uno de los bolsillos de su uniforme militar ligeramente lleno de arena y barro. —Imagínate poder ver a nuestros hijos muy, muy en el futuro. Poder verlos, abrazarlos, hablarles, aconsejarlos; poder vivir con ellos más adelante. URSS asintió y exhaló el humo vaciando sus pulmones. —Eso suena como algo que de verdad anhelo mucho —dijo el soviético con un tono de voz realmente apagado. Se le veía decaído y triste; a saber él el porqué de ello—. No lo sé, Nazi. Hoy dejé a mis hijos en casa con una campesina a la cual no conozco en realidad. Siento que no estoy pasando tiempo con ellos y, maldición, deberías verlos, crecen rapidísimo. El s

