Al salir de la consulta con el ginecólogo, Octavio invitó a Suheil y su mamá, a comer helados. Suheil antojada con un helado enorme de chocolate con lluvia de chocolate y trozos de chocolate puro, comió hasta saciarse. Octavio y su suegra pidieron uno más sencillo y él pidió otro igual al que ella se comió para llevar, de tal manera que si más tarde se antojaba de comer helado, tendría en el frizzer.
Una vez que llegaron al edificio, ella subió abrazada a él en el ascensor. Recordando las palabras de sus suegros, Octavio la pegó más a su cuerpo y pudo percibir el estremecimiento que ella estaba sintiendo, como cuando le está haciendo el amor. El acariciando su espalda, sentía el deseo que ella estaba experimentando por él. Pero le daba pena con su suegra encerrarse con ella en la habitación o pedirle que los dejara solo.
Al llegar al apartamento, Mercedes llamó a Ricardo y le contó todo lo que había pasado desde el mediodía que llegó Octavio. Por último, le dijo que se quedaría por este fin de semana para ayudarlo. Su marido le respondió…
- No, mi amor, ya paso por ti, ellos necesitan ahora es estar solos, para disfrutar la venida de su hijo y su reconciliación
- Ella… pero como voy a dejar a Octavio solo para que cocine y haga lo demás,
- El… ellos ya lo hacían sin necesidad de ayuda. Así, que prepara tu bolso, que ya voy saliendo de la oficina por ti.
- Ella… ok, como digas, eres muy terco, ¿quién te hace entender las cosas?
- El… mi amor, se porque te lo digo. Ten la seguridad que saliendo en este momento del apartamento le darás más felicidad a tu hija que quedándote.
- Ella… tu solo piensa en…eso… Espero que así sea, respondió un poco enfadada.
- El… yo también te amo.
Al colgar, se dirigió a la habitación de su hija, donde estaba acostada y reposando su cabeza sobre las piernas de Octavio, quien le acariciaba su cabello y conversaba con ella. Esta les avisó que Ricardo venía por ella, que si la necesitaban ella se encargaría de convencerlo para quedarse unos días más. A lo que su hija le respondió…
- Tranquila mami, ya estoy bien, además aquí está Octavio conmigo entre los dos nos ayudamos.
- Su madre… me alegro mucho hija, entonces, me voy confiada. ¿Me la cuidaras verdad Octavio?
- El sí, mami ten la seguridad que la cuidare como a mi propia vida.
- Mercedes, entró al baño y recogió sus pertenencias al igual que en el vestier.
- Octavio… gracias Mercedes, eres extraordinaria, ya sé que cuento contigo para lo que salga, así que ve preparándote para cuando nazca él bebe, porque no se nada sobre eso.
- Mercedes… eso se aprende solo, por intuición.
- Octavio… ¿tú crees?
- Mercedes… claro que sí.
En eso se escucha el timbre de la puerta, Octavio sale y era Ricardo, él lo saluda y este le pregunta… ¿Cómo te fue hoy?
- Octavio… extraordinario, me estaba esperando para almorzar, al llegar corrió a mis brazos y además me besó. Luego en la consulta estuvo normal, como si no hubiera pasado nada entre nosotros. Y ella misma, le dijo a tu mujer que se vaya tranquila, que ella ya está bien.
- Ricardo… lo sabía Octavio, te lo dije, y ya sabes ni se te ocurra comentarle algo, porque pensara que la manipulaste, que la engañaste y cosa por el estilo.
- Octavio… ok, gracias, eres un magnífico suegro y amigo, porque para mí eso eres.
- Ricardo… tú sólo has feliz a mi hija y seré tu amigo toda la vida.
- Octavio, sonriendo… gracias y abrazó a su suegro. Este al entrar a la habitación de su hija, le dio un beso, la abrazó, le felicitó por el bebé y de inmediato presionó a su esposa para irse a su casa.
- Mercedes… ya va, que aún estoy terminando de recoger algunas cosas. No sé qué tanto apuro.
- Ricardo… que estoy cansado, tengo hambre…
- Mercedes… pero si quieres te sirvo, hay suficiente comida
- Suheil… cierto papi, si quieres mientras mami termina de acomodar sus cosas, yo te sirvo.
- Ricardo, guiñando un ojo a su hija y su yerno, les dijo… no gracias quiero comer en mi casa con mi mujer, me hace demasiada falta…
- Mercedes, sonriendo por esas palabras, se acercó a él y dándole un beso en sus labios le comentó… ya estoy lista gruñón. Todos sonrieron. Suheil se levantó de la cama ayudada por Octavio y acompañada de él, despidió a sus padres en la puerta de su apartamento. Quedando los dos solos de nuevo. Ella apoyándose en él, le suplicó que la llevara en brazos a la cama. El de inmediato la complació…
- El, besando sus labios, le preguntó… ¿Cómo te sientes? ¿estarías dispuesta a dejarte amar con sumo cuidado, para no despertar a nuestro hijo?
- Ella… lo estoy deseando desde que entraste al mediodía por esa puerta, pero estaba mami…
- Él… lo sé, te sentí vibrar y estremecer.
- Ella… le dijo… entonces ¿Qué estás esperando?
- El… comprobar que han salido tus padres, para que no tengamos interrupción alguna.
- Ella, sonriendo… lo beso muy apasionadamente.
Octavio, hoy más que nunca le hizo el amor, con devoción, pasión, pero con sumo cuidado para que no afectara en nada al bebe. Ahora si se sentía emocionado por su llegada, tenía razón Regino. Suheil estaba más ansiosa, se entregó y lo amo con mayor frenesí, ella misma no sabía cómo controlar tanto deseo por él. El feliz de esta nueva etapa en su vida, decidió disfrutarlo al máximo, con todo.
Los dos encontrando una nueva razón de amarse, lo hicieron aquí, en medio de los secretos que brindan estas cuatro paredes que los encierra, en una intimidad que es solo de ellos y donde cada uno busca la satisfacción, el gozo y la plenitud del otro.
Octavio esa noche decidió preparar una cena especial, muy nutritiva y sana para los dos. Preparó sus propios alimentos por el bien del bebé. El pensando en esto, se llamó el mismo la atención, ya son varias las veces que en el día de hoy decide hacer algo para cuidar a su hijo. Esto le encantó y lo hizo sonreír. Al entrar a la cocina Suheil… le preguntó…
- ¿De qué picardía te recuerdas que estás riendo solo? Ella dijo esto sonriendo con él.
- En cómo está cambiando mi hijo, mi vida, que en varias cosas hoy al decidir, primero pienso en él y en que lo que haga no le afecte.
- Ella… eso me encantó
- El… y a mi también. ¿Qué haces aquí princesa?
- Ella… te extrañaba, prefiero estar aquí mirándote hacer…
- El… ¿Cómo te sientes?
- Ella… excelente, como debe ser. Creo hace rato no te lo digo, pero te amo infinitamente…
- El… y yo a ti mi reina bella.
Los dos cenaron y se acostaron a ver películas. Octavio tenía algunas delicatesen guardadas para ella, le pareció bueno darle algunas mientras veían TV. Luego, él lo apagó y se dedicó a conversar con ella, habían muchas cosas de Suheil que no sabía, porque siendo sinceros, solo conversaban de lo que diariamente vivían y lo que les acontece desde que estaban juntos. Y él quería saber más de ella como que ella conociera más de él.
En esta larga y amena conversación descubrieron muchas cosas el uno del otro, como por ejemplo que la primera noviecita que él tuvo en el colegio se llamaba como ella. Mientras, ella confesó que nunca tuvo novio, porque se dedicó a estudiar y como siempre andaba con sus dos hermanos, ellos espantaban cualquier posible candidato. Los dos sonrieron…
- Él le confesó… a pesar de tener ya treinta y cinco años, nunca pensé en ser papá, pero ahora que pude percibir y sentir a mi hijo en esta primera consulta, me siento inmensamente feliz - y su rostro lo reflejaba, pues mostraban sus ojos un brillo muy especial, que ella pudo notar -
- Ella… yo sentí miedo cuando vi el resultado del examen, el lunes, pensaba que a lo mejor te perdería, por eso me dio miedo decirte la verdad…
- El, abrazándola fuerte, así como estaban, semi-sentados en la cama, él siguió confesando, no entiendo aun porque me negaba a ser papá. Aunque reflexionando estos días, llegué a la conclusión que mi subconsciente ya había asumido que serías la madre de mis hijos porque nunca antes me descuide teniendo relaciones sin usar protección, era en lo primero que pensaba, tan es así, que fijate como en la guantera de mi auto tenia cajas de esto, mostrando los condones sobre la mesa de noche y que de seguro su suegra vio.
- Ella… espero ya no hayan más cajas en tu vehículo. Me dolería demasiado darme cuenta de una traición así, creo que no lo soportaría.
- El… tranquila mami, me siento realizado como hombre, al ver el fruto de mi procreación, el don especial regalado por Dios, de poder crear un ser humano. Ha sido tan extraordinaria esta vivencia, esta emoción, que me siento muy feliz, tanto, que me da miedo confesarlo y no voy a arriesgar lo que encontré en mi camino a la felicidad plena. Y terminando de decir esto, la beso despacito, suavecito, como no queriendo causar daño alguno, si es que un beso puede dañar.
- Ella… ámame siempre así, deseo vivir plenamente esta dicha y este gozo que me has dado desde que te viniste para acá. Por favor, mi amor no me falles…
- El… te prometo que no te fallaré. Acariciando de nuevo su piel, su cuerpo y haciéndola estremecer fuertemente de deseo y pasión la volvió a amar, al parecer su suegro tenía razón, sentía que ella estaba más exigente más que antes, obviamente, esto le agradó.
Ellos se amaron como nunca y amanecieron muy juntos, ella totalmente en los brazos de él, quien a partir de ese momento, cuido más su posición al dormir, para no perturbar ni a Suheil ni al bebé. El la llevó esa mañana a casa de sus padres, quienes felices con la noticia de ser abuelos, la recibieron con los brazos abiertos.
Suheil, se sintió aceptada y querida por su familia, especialmente por su hermano mayor Javier, quien le mostró cariño y respeto. Estando todos sentados en la sala conversaron con ella, quien compartió con ellos anécdotas de su relación con Octavio. El orgulloso de ella, la contemplaba extasiado. El ese día no metió el vehículo al garaje, razón por la cual, Karina al pasar por ahí y observar el coche de él, de inmediato, bajó, justo cuando va a tocar el timbre se da cuenta que el portón estaba entreabierto, así que entró caminando muy sigilosamente, para sorprender a Octavio. Ella escuchó voces y risas, de repente escucha una voz que no le es conocida y quien dice…
- Mi amor diles por favor lo que sientes…
- Octavio… si bien es cierto hasta ahora no había pensado en tener un bebe, el verlo ayer a través del monitor, me dio inmensa alegría, estoy feliz de ser padre…
Justo cuando terminó de decir esto, observó de pie en el umbral de la puerta a Karina, con su cara, toda desencajada, llena de rabia y hasta odio hacia él. El debió actuar rápido, porque Karina se abalanzó sobre Suheil para agredirla, pero Octavio no lo permitió. De inmediato detuvo a Karina y se colocó como escudo protector entre ella y Suheil, quien estaba anonadada con lo que ocurría.
Karina como una desquiciada, comenzó a tirar golpes a diestra y siniestra, recibiendolos todo Octavio, quien le pedía se calmara, para hablar con ella. Pero esta no escuchaba, estaba fuera de sí, totalmente desequilibrada. Los padres de él, sacaron a Suheil de la sala y la llevaron a la recamara de su hijo, donde trataron también de calmarla, pues ella, lo que hacía era solo llorar. Ellos preocupados por lo que ella acababa de pasar en la clínica no la querían dejar sola.
La madre de Octavio, la sentó a la orilla de la cama a su lado, abrazándola y pidiéndole se calmara porque el bebé sentía todo lo que ella padecía. El papá les pidió quedarse las dos encerrada ahí, que ya él venía. Al llegar a la sala aún consigue a Karina hecha una fiera contra Octavio amenazandolo, y no pudiendo evitar el meterse en esto. Le gritó a Karina…
- ¡Te callas! Esta es mi casa y el único que grita aquí soy yo.
- Ella, sin hacer caso lo que él le acaba de decir, grita… claro porque como es su hijo, lo defiende a él… pero lo voy a hundir en la cárcel...
- El papá haz lo que te dé la gana, que ya también nosotros nos hemos preparado para esto, y te vamos a demandar por difamación e injuria junto con todo el que se atreva a apoyarte en esa farsa. Ahora, por favor, retírate de mi casa, si no quieres que llame la policía, para que te detengan por entrar a mi casa sin mi permiso y por esta violación a la paz de mi hogar.
- Ella, mirando con odio a Octavio, le dijo… juró que me la vas a pagar, de mí no te burlas. Así que llorando y tirando todo a su paso, salió a la calle, arremetiendo contra el coche de Octavio que estaba estacionado afuera; sacó la llave de cruz de la cajuela de su vehículo y le partió los vidrios al carro de Octavio. Su padre ante esta situación llamó a la policía.
- Octavio, subió a su habitación preocupado por Suheil y el escándalo en que se vería envuelto. Al entrar a la habitación, corrió hacia ella, la abrazó, la besó y trató de calmarla, no te preocupes amor, esto se veía venir, en algún momento la íbamos a encontrar porque este amor no vale la pena seguirlo escondiendo por miedo a una amenaza. Me duele que hayas tenido que vivir esto por mi culpa, por favor, disculpame y la abrazó fuertemente.
- Su madre, asombrada de la ecuanimidad y calma de su hijo, les dijo, ustedes no están solos en esto, nosotros todos estamos con ustedes y esto lo superaremos. En ese instante, el hermano menor de Octavio, tocó la puerta y le avisó, abajo está la policía quieren hablar contigo.
- Suheil, asustada por esto, le dice… no mi vida por favor, déjame acompañarte, no voy a dejar que te lleven solo, anda, por favor, déjame acompañarte.
- El… tranquilo mami, quien llamó la policía fue papá. Ya vengo. Mami no la dejes bajar, por favor, cuídala, es lo más valioso de tu hijo y besando el vientre de ella, junto a mi hijo. Mirándola le dijo… les amo y no voy a dejar que me pase algo, que nos pueda separar. Así que confía en mí.
Octavio salió junto a su hermano y se asombró ver tantas personas en la calle, al observar su coche se asombró aún más, ver como lo destruyó la loca esa, a quien tenían metida en la patrulla. Ella lo miró con odio y le volteo la cara. El oficial le pedía su identificación como la del coche, el tratando de abrir la puerta del mismo no pudo, así que algunos de los presentes le pedían que terminara de romper el vidrio para abrir desde adentro. A lo cual se opuso uno de los oficiales, pidiendo dejar todo exactamente como estaba.
En ese momento, llegó el servicio vial que trabaja con la policía para llevarse el vehículo, ellos ayudaron a Octavio a sacar sus cosas del coche, entre ellos, sus documentos que en original guardaba el en la guantera del mismo. Mientras él, llenaba la planilla que le dieron, para levantar el acta, se comunicó con Andreina, explicando la situación. Ella en ese momento andaba en la calle, así que le pidió la dirección para acercarse y representarlo ahí mismo. Él se la dictó y como quiera que ella andaba cerca, en cinco minutos estuvo ahí.
Andreina se bajó con una cámara fotografiando el coche de Octavio. Al acercarse a él lo besó en la mejilla y saludo a los hermanos de éste que ella ya conocía.
- Él… Andreina te presento a mi papá, que fue quien hizo la denuncia por teléfono.
- Ella… a pesar del momento que está viviendo es un placer conocerlo.
- Su padre… el gusto es mío.
- Ella… y ¿Karina?
- El… ahí está dentro de la patrulla. Me dijo mi hermano, que abofeteó al oficial por eso la tienen esposada metida en la parte trasera de la patrulla.
- Ella… al parecer no conoce los límites.
- El… así es.
- Ella… indistintamente de si quieres o no hacer cargos contra ella, el oficial tiene cara de pocos amigos, no creo que la absuelva de cargos en su contra. Andreina miró hacia la patrulla y observó a Karina, totalmente distinta a como la vio la noche del ascenso de Octavio. Se veía hasta más envejecida.
- Él le comentó… no sé si avisarle o no a su papá. Él siempre me ha parecido un hombre justo a quien respeto mucho.
- Ella… aún no. Deja que voy a hablar con los oficiales y a presentarme como tu apoderada.
- El… si gracias Andreina, infinitas gracias.
- Ella… tranquilo, lo que me interesa es que esto no tenga consecuencias negativas para ti, aunque hoy tú fuiste la víctima.
- El... si y Suheil también, porque ella quiso agredirla, aun cuando escuchó que estaba embarazada.
- Ella… entonces, déjame leer lo que escribiste en el formulario. Porque eso pudiera ser la salvación para todos tus males…
- El… ¿Cómo así?
- Ella… es muy grave que intenten agredir a una mujer que tú sabes está embarazada, y eso es aquí o en cualquier parte del mundo.
- El… pero no quisiera involucrar a Suheil en nada. Ella se ha sentido muy mal, tan es así, que por eso me devolví de Anzoátegui el martes, sus padres la encontraron desmayada en el piso del apartamento.
- Ella… pero te aseguro es la llave a tu tranquilidad, negociaremos, no haremos denuncia ni formulamos cargos si ella no cumple su amenaza y se aleja de ti, definitivamente. Si me autorizas hablo con ella o con su padre una vez la encierren, para negociar.
- El… eso ¿lo podemos hacer sin involucrar por ahora a Suheil?
- Ella… podemos citar la presencia de la mujer embarazada, sin dar su nombre. Si se llega a necesitar, ahí si nombraremos a Suheil.
- El… ok, voy a correr el riesgo.
- Ella… entonces agrega aquí al final, que quiso agredir a una mujer joven que también se encontraba en la sala y quien está embarazada, esto último, ella lo escuchó y fue lo que desató su violencia.
- Él, ok. Llenando la planilla como le aconsejó Andreina, la firmó y por último le dijo a ella... listo, tomala.
- Ella, la recibió, leyó y le comentó… perfecto. Ahora sí, vas a llamar a su padre cuando estemos en la Comisaría.
- El… ok.
- Ella… ya vengo dejame hablar sobre esto y preguntar si falta mucho para irnos, y quitar todos estos mirones de aquí.
- El… si, mi madre está con Suheil en la habitación, les voy a avisar que me voy contigo y le diré a papá y mi hermano que nos sigan.
- Ella… perfecto, ellos serán tus testigos, aparte de algunos de los que están aquí y que sabes puedes contar con ellos.
- El… creo que con todos, han sido mis amigos desde mi niñez.
- Ella… mejor. Bueno mientras yo pregunto, tu avisales.
Octavio entró a la casa, subió a su habitación y encontró a su mujer más calmada. Él le da un beso y explica…
- Me voy con la abogada de la empresa en su coche, para la Comisaría, papá y Javier nos seguirán, ellos serán mis testigos. No creo nos tardemos mucho. Te quedarás aquí con mami, mi vida, mientras yo vengo.
- Ella… cuidate mi vida, tú eres lo que más amo.
- El… tranquila, según la abogada, va a tratar de aprovechar esto para quitarnos de encima la amenaza de Karina.
- Ella… Dios lo permita mi amor, recuerda no hay mal que por bien no venga.
- El salió despidiéndose de las dos. A quienes les pidió quedarse ahí, mientras el viene.
Al arrancar todos hacia la Comisaría, las personas se fueron retirando y los hermanos menores de Octavio, entraron y cerraron bien el portón, dejando ahí afuera el vehículo de Karina. Esta iba en la patrulla, maquinando cómo se vengaría de él y de la mujercita esa, lo que le acababan de hacer. Así que pensó que al llegar a la Comisaría lo denunciará, por haberla seducido siendo menor de edad. Con esta idea en mente, ella iba sonriendo.
Al llegar, el mismo oficial a quien ella abofeteó, fue el encargado de bajarla. Por lo que al querer hablar para ella denunciar a Octavio. Este no la dejó ni hablar. Y la llevó a un calabozo que ahí había. Ella comenzó a gritar y una oficial del sexo femenino, encargada de vigilar fue quien la hizo callar, bajo amenaza de no dejarla llamar a nadie, si seguía gritando.
Karina ante esta amenaza, prefirió callar. Y así fueron pasando los minutos, la primera y la segunda hora y nada, nadie venía por ella para llamar a su papá. Octavio fue el encargado de poner al tanto al papá de ella, sobre lo que estaba ocurriendo quien desesperado salió para la Comisaría con su esposa.
Al llegar los dos, Octavio se acercó a él junto con Andreina y lo pusieron al tanto. El avergonzado de la conducta de su hija, le reclamó a Octavio…
- Sé que mi hija es caprichosa y ha actuado mal. Pero hasta hace unas semanas tú fuiste a mi casa para fijar la fecha del matrimonio y cómo es que ahora vienes a confesarme que tienes una mujer embarazada, a quien Karina atacó.
- El… si es cierto, lo que me dices. Yo no debí apoyarla cuando ella por su propia cuenta fue quien puso las fechas e hizo los trámites para ello, mi error fue secundarla y no darle un parado a eso, sino que incluso fui y fije carteles con ella. Pero eso no le da derecho a ella a amenazarme constantemente que si no me caso con ella, me denunciara ante las autoridades que la hice mía siendo menor de edad, cuando eso es totalmente falso. Tampoco le da derecho a tener a mis padres en zozobras porque no saben cuándo se les va a aparecer y con qué nuevas amenazas.
- El continuo… tampoco le da derecho a perseguirme, acosarme, no dejarme vida y ahora el colmo, destrozar todo mi vehículo e intentar golpear a una mujer que está embarazada, que nada tiene que ver con esto, porque ella no sabía nada de mi compromiso con tu hija. Así que tu hija no puede alegar ahora alegar que no sabía que estaba embarazada, porque fue precisamente el escuchar que ella está embarazada, lo que desató toda su violencia.
- Andreina… señor Alberto, soy Andreina Fajardo, abogada de Octavio y representó todos sus derechos en esta situación. Le pedí a él lo llamara porque considero según lo que él me ha dicho de usted, que es un hombre justo y correcto, que podemos negociar… mi representado no levantara cargo alguno contra su hija siempre y cuando ustedes se comprometan mediante transacción extrajudicial que no lo molestarán más, que no se acercaran a él ni a quien hoy es su pareja. Y se dé por concluido cualquier compromiso entre él y su hija.
- Alberto… nunca imaginé esto terminara así. No les voy a responder nada aun, hasta hablar con mi abogado, ¿le parece?
- Andreina… está usted en todo su derecho de consultar con quien quiera. Nosotros no hemos entregado formalmente la denuncia, por esperar hablar con usted.
- Alberto… gracias. Salió de la sala donde se encontraba. Pidió hablar con su hija, pero le negaron esto.
Así que llamó al abogado quien siempre lo asesora en sus asuntos. Este llegó a las dos horas aproximadamente, quien luego de conversar con el Comisario encargado del caso, le explicó a Alberto, que la situación de su hija era delicada porque intentó golpear a una mujer embarazada, golpeó a un oficial quien ya pidió cargos para ella, además de los daños, violencia y violación a la propiedad privada de su exnovio.
Para el abogado, lo más saludable es negociar, porque si no Karina pasaría unos cuantos días o semanas encerradas mientras se iniciaba el proceso y se solicitaba a su favor alguna medida. Su padre, a pesar que reconocía que su hija se merecía un castigo, no era esto lo que quería para ella, así que autorizó al abogado a negociar.
En todo caso, como era sábado y ya tarde, porque se perdió mucho tiempo mientras se esperaba al abogado de Alberto; el Director de la Comisaría salió y no regresaba hasta el lunes en la mañana, no pudieron hacer nada. Andreina, prefirió reservarse la entrega de la denuncia para el lunes a primera hora, así Karina aprendería la lección y no se acercaría a Suheil para hacerle daño.
Al hablar con el oficial, Andreina le anunció que debía estar pendiente de la detenida porque como su padre es un hombre con recursos económicos, podía intentar sobornar a alguien para que la dejaran ir. El oficial, le dijo que primero pasarán por encima de su c*****r porque no permitirá que se burlen de él. Andreina le quitó su número de celular e igual le dio el de ella para que ante cualquier cambio, le avisará de inmediato. Ella se despidió de Octavio, su papá y su hermano.
- Octavio… gracias Andreina, no sé cómo hacer para estar el lunes aquí temprano.
- Ella… no avises nada. Yo paso por ti a casa de tus padres…
- El… el caso es que no estoy viviendo con ellos. Desde hace casi dos meses estoy viviendo con Suheil.
- Ella… dame la dirección y yo te busco. Después nos vamos juntos para la empresa.
- El… ok y le dio la dirección de su nueva residencia.
- Ella… recuerda que debes avisar en la empresa tu cambio de residencia. Es por tu bien y el de ella.
- El… gracias. Vamos te acompaño hasta tu vehículo.
- Él le abrió la puerta y la ayudó a subirse al mismo. Luego, él se fue en el coche de su papá y le pidió buscar a Suheil para que por favor los lleve hasta el apartamento y así saben dónde él está viviendo ahora.
En el trayecto a la casa, ellos conversaron mucho sobre toda la situación vivida, especialmente Octavio estaba apenado con sus padres y Suheil porque todo era debido a su irresponsabilidad. Su padre le pidió que no se sintiera más culpable, ya lo que tenía era que seguir adelante, y no volver a caer en situaciones como esta.
Al llegar a la casa, Octavio se bajó y buscó a Suheil, despidiéndose de su madre y sus hermanos salió con ella al vehículo de su padre, quien los llevaría acompañados de Javier al apartamento. Al llegar ahí, él pidió al vigilante abrir, éste obedeciéndolo abrió para que el coche entrara. Los cuatro se bajaron subieron al apartamento y al entrar, tanto su papá como su hermano se quedaron asombrados de la belleza del apartamento, muy grande, lujoso y amplio con una vista extraordinaria porque precisamente la pared del lado del comedor y sala era solo vidrio, la cual daba a la terraza.
Ellos estuvieron poco tiempo ahí, la idea era que supieran cual era el apartamento. Se despidieron y bajaron, Octavio los acompañó. Al salir su padre, el subió de inmediato y comenzó a preparar comida para ellos. Suheil le refirió que su mamá le dio de todo, que ella estaba full. El sonriendo le dijo aun así, te voy a preparar por si más tarde te da hambre. El caso es que los dos se acostaron esa noche cansados y agotados de toda la experiencia vivida. Al día siguiente, él, había quedado de pasar por su mamá para ir a misa.
Pero como cerca de donde vivía había una iglesia, prefirió caminar e ir con Suheil a esta. El avisó a su mamá, quien se sintió satisfecha de ver que su hijo había vuelto a buscar a Dios, sobre todo arrepentido de sus acciones pasadas. Este día, ellos compartieron el poder estar juntos de nuevo.
El lunes de la siguiente semana, siguiendo las instrucciones de Andreina, Octavio no informó a la empresa que no llegaría temprano. Ella paso por él, para encontrarse todos en la Comisaría y resolver mediante transacción extrajudicial esta disputa. Ella había redactado un escrito, el cual firmaron Karina, su mamá y su papá, quienes al parecer estaban disgustados porque en ningún momento se hablaron mientras se firmó el documento.
Al salir Karina, su madre corrió a su encuentro, cosa que no hizo su padre. Ella se veía mal, a Octavio esto le afectó, le dio lástima que todo terminara así. Una vez que firmaron y el vehículo fue llevado a un taller para su total reparación, él y la abogada salieron de ahí directo a la oficina. Aún era temprano, así que no hubo necesidad de justificar nada porque pudo cumplir su horario de trabajo.