Miriam Volvimos a casa, a nuestra casa, de sonde nunca debimos haber salido, los bebés estaban felices en los brazos de su padre, era lógico, se sentían protegidos y amados. Maximiliano, no volvió a hablar sobre el tema, una vez más, me pidió que confiara en él y que todo iba a salir bien, me contó las batallas que tuvo que librar en Xibalba, para poder encerrar a Kisín, y me mostró la herida en su brazo, que ya comenzaba a sanar, eso me hizo admirarlo todavía más. El saber que Kisín ya no podría intervenir en favor de Ikal y de sus brujos, me dejaba más tranquila, ya que ellos, sin ayuda de ese demonio, no tenían tanto poder. Esa noche Maximiliano me demostró cuanto me amaba y yo, me seguía sintiendo muy mal, por no haber confiado en él, pero lo que era un hecho es que nuestro amor,

