Al escapar de los paparazzi y de cerciorarse de que ya no nos siguen, el chófer de Henry pregunta mi dirección exacta y se la doy sin titubear.
El auto estaciona frente a mi casa unos veinte minutos después, seguido por los otros dos autos que custodian a Henry. El me ayuda a bajar después de rodear el auto para abrirme la puerta y le sonrío.
Busco mis llaves rápidamente en mi pequeña cartera y al conseguirlas, abro la reja.
Me vuelvo para despedirme, pero él hace un ademán con la cabeza para decirme:
— Te acompaño hasta la puerta.
— Oh no, no es necesario. —Me sonrojo.
— Sí, si lo es. Vamos.
Suspiro y a continuación, lo siento caminar tras de mí por el lindo caminito del jardín hasta llegar a la puerta. Allí me giro para despedirlo y este me sorprende con un tierno beso en los labios.
— Me encantó conocerte. —Dice entre besos a lo cual sonrío— Gracias, a sido una noche estupenda. ¡Para la historia! —Dice eso último con sarcasmo y no puedo evitar reírme.
Voy a hablar, pero abren la puerta de mi casa de sorpresa por lo que salto del susto.
— Oh por Dios… —Susurro pálida mientras toco mi pecho— ¡Mamá!
— ¿Qué horas son estás de llagar? —Gruñe al verme y luego se sonroja al ver a Henry— ¡El Duque…!
— El mismo que viste y calza. —El sonríe.
— ¡Avemaría purísima! Perdóneme, yo…
— No se preocupe, al contrario. Le pido una disculpa por traer a Elicia a esta hora. —El ladea la cabeza, como tratando de pensar en cómo explicar lo inexplicable— Estuvimos muy entretenidos, jugando al play. —Dice amortiguando una sonrisa y no puedo evitar soltar una carcajada.
— Eso es muy cierto, madre. —Digo mientras dejo de reír.
— No hay problema, su alteza. Al contrario, muchas gracias por tomarse la molestia y traerla hasta aquí.
— A sido todo un placer. —Le da un apretón de manos a mi madre y se despide— ¡Que tenga un hermoso día, señora DeMarco!
— Igualmente, alteza.
Mi madre al marcharse hace como una especie de reverencia con la cabeza y no puedo evitar reírme de nuevo. Henry voltea a verme y mientras guarda su distancia debido a la exposición pública, me sonríe y susurra en voz baja:
— Quiero verte de nuevo. ¿Crees que sea posible?
— ¿De verdad? —Mi estómago se hace pequeño.
— Sí.
— Hmmm. —Muerdo mi labio inferior pues no sé que decir, no niego que me gustaría verlo de nuevo, pero tenemos mucho que solucionar primero— Yo solo estoy de paso en la ciudad, volveré a Bélgica en unas semanas, tal vez antes. —Su rostro cambia a uno más serio— Con todo lo ocurrido, debo hablar con mi novio. Quizás terminemos, no lo sé. Pero si así a de ser, solo quiero enfrentarlo de buena manera y lo más pronto posible. ¿Si lo entiendes verdad?
— Sí… Por supuesto. —Su cercanía es muy latente, parece que ya no le importa guardar distancia entre los dos— Pero, no sé porque será que no puedo evitar preguntarme en mis adentros, si tú… ¿No estarás tratando de evadirme para no vernos de nuevo?
— No… —Gimo herida— No, claro que no.
— Entonces júrame que antes de irte, me lo dirás.
— ¿Y por qué me pides eso? —Exhalo— ¿Por qué debería hacerlo?
— Porque sí. —Frunzo el ceño ante lo escuchado y el se aclara la garganta— Porque te lo estoy pidiendo, por favor.
Ladeando la cabeza lo analizo con la mirada y no puedo evitar tensar la mandíbula.
— ¿No estarás viéndome como un capricho, cierto? —Dudo— O peor aún, como tú experimento.
Los labios de Henry se entreabren y lo veo morder la mejilla interna de su labio por la frustración.
— Te llamaré, después de haber solucionado las cosas. —Masculla— Tanto con los paparazzi, como también con Sebastián.
Sin decir más, el se da la vuelta para marcharse y algo dentro de mi comienza a romperse.
Nuestra noche-mañana fue fantástica y eso es algo que no puedo omitir.
Por supuesto que él va a gustarme si su trato hacia mi a sido único. Tan considerado y atento. Tan apasionado y certero.
Dios…
Un trato hacia mi tan inesperado de un hombre como el, sobre todo después de todo lo que sé y lo que ví.
¿Lo hice enojar? ¿La embarre?
Gimo de frustración.
Y no puedo evitar seguirlo y rodear con mi mano su antebrazo.
— Henry, por favor… Espera.
El detiene su andar y se gira para estar frente a mí nuevamente.
— Perdóname, no quise ofenderte. Yo no… —Pierdo la voz.
Estoy sin aliento. Debería dejarlo ir.
Sin importarme lo que piense.
Debería dejarlo pero no puedo.
Aunque una parte de mí no puede evitar pensar que quizás esto solo fue una noche fabulosa, pero al mismo tiempo de diversión junto al Duque de Leith. Nada más que eso, ha sabiendas que es ¡Gay!
Y por esa razón debería dejarlo, pero no me nace hacerlo.
Algo me impide hacerlo.
Y quizás ese algo sea lo mismo que le impidió marcharse anoche del club y al contrario, sino que le insistió para quedarse y así defenderme.
Para ser mi héroe sin capa.
Y muy dentro de mí, sé que no importa lo que haya sido esta noche para el, ni lo que haya significado. La verdad, es que sí me gustaría verlo de nuevo.
— Yo no quería ofenderte, de verdad. —Trato de pensar con claridad pero me cuesta, los nervios me ciegan— A mí también me gustaría verte otra vez, cuando todo esté aclarado por ambas partes. —Su mirada es intensa, fija, casi no parpadea esperando por lo que diré— Prometo que si debo irme antes de tiempo, te avisaré. Pero, si así fuese… ¿Cómo te lo comunico?
— Te llamaré y a ese número podrás llamar de vuelta. —Dice a secas.
Asiento con dificultad y lo veo darse vuelta nuevamente. Me quedo de pie en medio del jardín viéndolo partir y sintiéndome la mujer más estúpida sobre la faz de la tierra.
El quería verme de nuevo y yo sin pensar, lo batee.
¡Idiota!
La suerte que tuve de encontrar a un hombre tan diferente como él y la desperdicio tan nefastamente.
Me giro resignada para caminar de regreso a la puerta de mi casa y cuando estoy por rodear el pomo de la misma, escucho un frenazo tras de mí. Me doy vuelta y Henry baja del auto para correr hacia mi.
— ¿Qué sucede…? —Sus manos acunan mi rostro y sus labios invaden los míos con el beso más tierno de toda mi existencia.
Lo abrazo de vuelta, le correspondo y siento que el mundo me da vueltas. Esta sensación tan fantástica he inmensa, no tiene comparación ni mucho menos precio.
Pues este hombre, es todo un príncipe.
— Eres tan linda, Elicia. —Dice entre besos— Si vieras tu hermosa carita… —Muerde mi labio inferior— Debo irme, pero te llamaré. ¡Lo prometo!
Sonríe entre más besos y luego me da el último en la frente.
— Cuídate. —Logro decir ante la emoción por la impresión de su abrupto regreso.
— Lo haré y tú también.
El corre de nuevo hacia la camioneta y uno de sus escoltas ya espera por él con la puerta de esta abierta. Henry salta sobre el asiento y segundos después, la camioneta derrapa sobre el pavimento y desaparece de mi vista.
******
Al ingresar a la casa de mis padres, no dude en ir directamente hacia mi habitación, pues en estos momentos, no tengo cabeza para darles explicaciones a mi familia.
Ni mucho menos para las preguntas inquisitivas de mi hermana.
Aunque encerrarme en mi habitación, tampoco sirvió de mucho, porque eso no impidió que mi madre y mi hermana fuesen a tocar mi puerta en más de cuatro oportunidades.
Pero en todas, siempre les respondí de la misma forma.
— No hay nada más allá de lo que contar, solo somos amigos. Ahora, déjenme en paz.
Mi noche fue larga y aunque no recuerdo cómo llegué a los brazos de Henry ni de todo lo que hicimos en la madrugada, sí estoy consciente de todo lo que hicimos en la mañana y eso es más que suficiente para estar agotada.
Así que dormí el resto de la tarde y supe de mis amigas a eso de las seis. Cuando se recuperaron de su borrachera y recordaron mi existencia.
Por fortuna, ambas están bien y al preguntarles sobre el escándalo de anoche, ninguna de las dos tienen idea de que el motivo de la gran pelea en el club, fui yo.
A eso de las siete, decido abandonar mi habitación para bajar y cenar junto a mis padres, hermana y Dalton, el jardinero y cuidador de nuestra casa.
Y conociéndolos sabía que al estar en la misma mesa para cenar junto a mi familia, no podría escapar de sus preguntas. Porque, durante toda la tarde aparte de dormir, también me tomé mi tiempo para pensar en cada una de sus preguntas. Y así, poder evitar la realidad y responder sus inquietudes con las mejores mentiras posibles.
No les hablaré de Henry.
No confío en ellos para hacerlo.
Es por ello que ya no vivo con mis padres desde hace cinco años.
Me fui de la casa al cumplir mis veintiuno y luego de dos años, me fui de la ciudad.
Necesitaba establecer toda la distancia posible de mi familia.
Es obvio, la relación aquí no es buena.
Está demás decir que está rota.
Me fui para no volver, pero por razones ajenas a mi voluntad, tuve que regresar.
Y no me mal entiendan, amo mi ciudad.
Amo Edimburgo, lo llevo en mi corazón y sigo gran parte de las tradiciones en mi nuevo hogar.
Pero me fui por una razón y esa, es el acoso de mis padres.
No tuve una infancia normal, no fui feliz en lo absoluto. Ambos, eran unos controladores extremos y por desgracia tuve la historia típica de la hermana favorita y consentida, la cual por obvias razones, no soy yo.
Y cuando digo 'obvias razones' me refiero a nuestras diferencias. Annie siempre hizo lo que mis padres ordenaron y yo… Siempre tuve la manía de preguntar “Porque” a todo.
Sonara caprichoso, pero mis preguntas tenían sus razones.
Siempre los cuestione. Y no era por símbolo de rebeldía, pero si algo realmente no me gustaba o no era de mi agrado, siempre refutaba, preguntaba o cuestionaba las razones para hacerlo pues me parecía injusto las labores que me ordenaban hacer a diferencia de las de Annie. Haciendo así, que mis padres se obstinaran de mí.
Mi hermanastro, también corrió la misma suerte que yo.
Lo recuerdo con inmenso cariño, Kylee siempre me ayudó y defendió ante los maltratos de mi madre.
Y por suerte, al ser el mayor de los tres, él tuvo la ventaja de escapar de la casa cuando le apareció la oportunidad.
El no quería irse y dejarme sola y sin defensa en la cuna de lobos, pero yo lo incite a hacerlo. No era justo que él condenara su vida junto a la mía, esperando a que cumpliera mi mayoría de edad.
Me dolió verlo partir, lloré por semanas, pero todo ese llanto me dio las fuerzas necesarias para salir adelante y soportar los siguientes tres años hasta cumplir la mayoría de edad. Lo cual no me sirvió de mucho pues de igual manera debía esperar hasta mis veintiuno para independizarme. Pero al menos pude obtener un poco de libertad.
No supe de mi hermano por un tiempo después de su partida, quizás un año.
Y cuando por fin tuve noticias suyas, mi alma volvió a dónde correspondía, a estar en paz.
Al irse de casa, mi hermano se mudo a Londres y allí se alistó en la armada real.
Y desde entonces, cada mes me mandó cierta cantidad de dinero, el cual reuní hasta el día en que cumplí mis veintiuno y huí de casa.
Sin despedirme, sin dejar una nota.
Solo agarrando lo indispensable y los objetos de más valor emocional para mí.
Y por supuesto, toda mi ropa.
Hasta ahora, después de años sin verlos y de tres años sin volver a la ciudad, la muerte de mi abuelo paterno me trajo de vuelta aquí, a esta casa y a estás personas por las cuales no siento nada.
Es duro decirlo, es duro tan siquiera pensarlo u sentirlo. Pero no siento nada.
No los siento mi familia, no importa el hecho de que sean mis padres, ambos pierden todo el respeto cuando hacen la vida de un niño inocente, todo un infierno.
Como lo hicieron conmigo y con mi hermano.
Él, sí es mi familia. Él, lo es todo.
Mi único mundo y lazo sanguino cercano que me queda.
No estas personas.
Estoy aquí porque esta era la última voluntad de mi abuelo en su testamento.
El sabía del desastre en el cual esta familia se había convertido y quizás tal vez creyó que al imponer eso en el testamento, manipulándonos con el dinero, todos trataríamos de enmendar las cosas ante nuestro reencuentro.
Sé que durante todos estos años en vida, esa era la misión de mi abuelo.
Pero lo que él nunca pudo terminar de aceptar, es que algo así jamás ocurriría.
A mí no me importa el dinero, a mi hermano tampoco.
Pero uno de los dos debía asistir en representación del otro, pues mi abuelo sabía lo unidos que somos.
Después de hablarlo, decidí acceder y venir en representación de los dos.
Cómo ya lo mencioné, no nos importa el dinero, no estoy aquí por eso.
Estoy aquí por la casa de mis abuelos.
Ya que esa propiedad, siempre fue muy especial para mi hermano y para mi.
Los pocos mejores recuerdos de nuestra infancia, están en esa casa. Mi abuela adoraba esa casa y siempre nos dijo que le gustaría que la propiedad siguiese en la familia, durante las siguientes generaciones.
Y nuestro mayor miedo siempre fue, que si por mala suerte del destino, tal propiedad caía en garras de mis padres… Ellos no dudarían ni un segundo en venderla.
Siempre han sido unos avariciosos.
Por suerte, no fue así. Pues mi abuela ya había dejado todo preparado en su testamento y mi abuelo, respetó su decisión. Al no cambiar nada al anexar el suyo.
Lo que sí agregó, es que para recibir todo lo heredado, uno de los dos debía quedarse en la casa de nuestros padres por alrededor de cuatro meses.
Y aquí me ven… Cumpliendo la voluntad de mi abuelo, viviendo bajo el tormento de la presencia de estas personas.
Todo para regresar a Bélgica con los documentos de la casa de mis abuelos en mis manos.
En las mejores manos.
No sé porque ambos hicieron tal cosa, me explico. Eso de hacer testamentos por separado, supongo que al ser la muerte de mi abuela tan sorpresiva hace ocho años, quizás no les dio tiempo de cambiarlo y unir ambos patrimonios en un solo documento.
Ahí es donde me preguntare por el resto de mi vida. ¿Cómo mi abuelo pudo anexar el suyo junto al de mi abuela si su voluntad ya estaba pre-escrita?
No sé de leyes y supongo que a de ver una explicación para ello. Pero a este punto, nada importa. Ninguna pregunta que me haga importa ya.
Lo que sí sé, es que la última voluntad de mi abuela también fue, que recibiéramos su herencia cuando ya mi abuelo muriese y no antes.
Una total locura.
Pues el propósito de ambos, como ya lo mencioné, era el de unir esta familia.
Y es muy triste ver que han fallado en el proceso.
Han fallado en esto abuelos, aquí no hay remedio.
No hay nada que arreglar.
Y lo siento… Lo siento mucho.