Al principio, la idea de Henry me pareció una completa locura, pero con el pasar de las horas comprendí a lo que él se refería desde un principio. Y ya ante eso no pude negarme.
El resto de nuestra tarde juntos fue de maravilla, pero por desgracia todo lo bueno siempre llega a su fin en un tiempo determinado, pues ahora, estamos de camino a mi “Casa” con sus adorables huéspedes esperando por mi para seguir devorándome.
Sonrío cuando Henry hace un gesto obstinado mientras habla por teléfono y no puedo evitar mantener la mirada en su perfil. Pues él, realmente es un hombre muy apuesto y por supuesto, diferente a todos los demás con los cuales he salido alguna vez.
Su trato y protección hacia mi persona, de verdad me han tomado por sorpresa pues cualquier otro hombre en su lugar se habría desligado de mí de inmediato.
Pero él… No lo hace.
Y una parte de mí no puede evitar pensar que quizás él o su equipo se quieran aprovechar de la situación para así limpiar su imagen al desaparecer todos esos rumores sobre su orientación s****l con esta loca situación que estamos viviendo.
Sí… Así como leí en el artículo del periódico está mañana en casa de mi amiga Thaiz.
La cual por cierto, no ha parado de llamar y ahora por su culpa, mi teléfono está muerto.
En fin, cualquiera que sean sus razones para hacer la locura que estamos por hacer, la verdad me tiene sin cuidado.
Después de todo, mi relación con Andrés ya está irremediablemente rota y mi imagen tilda de un hilo así que esto me conviene.
Y por más loco que pueda parecer, confío en la palabra de Henry. Sí, confío en él.
Confío en un hombre al cual apenas conozco desde hace tan solo tres noches, contando la de hoy.
Nunca jamás hubiese pensado que algo así me pasaría, pero agradezco que su presencia en mi vida me haya abierto los ojos en otros aspectos de la vida en los cuales estaba totalmente ciega y perdida.
Pues por increíble que parezca, Henry sin querer me a enseñado mucho más de la vida, mucho más de la cuenta.
La discreta van de los empleados del palacio estaciona frente a mi hogar y Henry finaliza la llamada para bajarse y luego abrirme la puerta.
No hay paparazis en la costa y su estrategia de utilizar los autos de servicio del palacio, vuelve a funcionar nuevamente al no llamar la atención de nadie. Así que confiados, ambos caminamos tomados de la mano por el pequeño jardín hasta la puerta de mi casa.
Busco la llave para abrir la puerta pero no hace falta pues mi padre la abre antes de que pueda reaccionar.
Trago saliva con fuerza y la tensión en el aire me hace ladear la mirada hacia Henry, quien le sostiene la mirada a mi padre con evidente desprecio.
Soltando todo el aire contenido, decido hablar y presentarlos.
— Henry, te presento a mi padre, Robert DeMarco. —Me vuelvo hacia mi padre y no es necesario decir nada más pues este asiente.
— Buenas noches y mucho gusto, joven Mountbattem.
Henry apenas y le corresponde el saludo con un asentir de cabeza.
— Lamento no decir lo mismo, señor DeMarco.
¡Ay no inventes!
Mi pecho se acelera y en estos momentos quisiera desaparecer del mundo entero.
— ¿Quién es papá? —La voz de Annie tras mi padre me hace temblar de rabia.
— Ah pero si es mi queridísima hermanita quien está de regreso. —Dice llena de sarcasmo y sin notar la presencia de mi acompañante— ¿No te bastó con la linda y sonora bofetada de mamá? —Ríe— ¿Vienes por más?
— ¿Cómo? —Henry pone los ojos en blanco y toma de mi mano como buscando una explicación o para confirmar con la mirada lo que Annie a dicho. Por lo que alejo su mano de la mía, confirmando con ese simple acto su pensamiento.
Cuando le conté sobre la situación con mis padres, decidí omitir ese detalle, pues no quería dar más lastima de lo debida, más lástima de la que ya doy.
— ¡Basta, niña! —Espeta mi padre mientras se pone de lado a lo cual Annie palidece.
— ¡Príncipe Henry! —Dice mientras se toca el pecho.
Oh sí, te han escuchado.
Él… A quien querías conocer para disque “conquistar”. Él, por quien tanto me molestaste la noche anterior.
Ha visto quien eres en realidad.
Mi madre aparece al bajar las escaleras y al ver a Henry sonríe fascinada invitándolo a pasar a lo que él murmura:
— No, gracias. —Su mirada vuelve a mí y alejándome de la puerta, cubre una de mis mejillas con sus manos y susurra a pocos centímetros de mi rostro— Por favor… No tienes que volver ahí, estás temblando.
— Pero debo… —Gimo en un hilo de voz.
— Dónde quiera que tú abuela este, estoy seguro que ella no querría que estuvieras soportando toda esta porquería.
Le esquivo la mirada y al ladear la cabeza una lágrima me abandona.
Por ella es que lo he aguantado todo, no puedo rendirme ahora, estando a solo pocas semanas del plazo estipulado.
— Se que es una locura, pero puedes regresar conmigo al palacio. —Limpia mi rostro y se da la vuelta para darle la espalda a mi familia y con eso, ocultar mi estado ante ellos con su amplio pecho y altura— Vámonos, debes alejarte de todo esto. Mírate, no te hace bien… Estás sufriendo y una casa no lo vale.
— ¡No es cualquier casa! —Gruño en un hilo de voz— Es lo único que me queda de mi abuela. Si ellos se la quedan, la perderé. ¡La venderán y no podré recuperarla! Mis ingresos no serán lo suficiente para poder comprarla.
— Confía en mí, te prometo que no la perderás. —Suspira— Regresa conmigo al palacio y enfrentemos juntos todo lo que se nos avecina.
Miro hacia nuestro alrededor, en busca de espías y paparazis pero no veo nada fuera de lo común y sospechoso.
El chófer de Henry está en su lugar y Liam, su guardaespaldas también.
Me nace abrazarlo, así que lo hago. Su interés y protección me hacen querer abrazarlo con fuerza me conforta ser correspondida.
Su presencia en mi vida en este momento tan turbio de la misma, me hace sentir fuerte, que no estoy sola y me hace ser más valiente de lo que realmente soy.
— Está bien… —Susurro contra su pecho— Pero no esta noche, mañana. Debo quedarme y tratar de solucionar la situación, aquí hay mucho que decir. —Sorbo mi nariz— Al menos con mi padre… Ahora tengo muchas preguntas que ameritan respuesta.
— ¡No te dejare sola con esa cuerda de víboras! —Espeta a regañadientes— No me iré.
— Por favor, si me iré de aquí y perderé la herencia por la cual regrese a la ciudad y a solo pocas semanas de finalizar el plazo. Al menos… ¡Necesito respuestas!
— ¿Qué me garantiza que mañana no cambiarás de decisión? —Cuestiona y pongo los ojos en blanco.
— Hmmm… No lo sé, yo… ¡Mi palabra!
El niega con la cabeza.
— Esta vez no funcionará eso, lo pensaste y dudaste. —Su mirada se intensifica— Tú ropa, hagamos las maletas ahora, las llevaré al palacio y mañana mandaré a buscarte por la tarde. Tiempo suficiente para que obtengas tus respuestas.
— Henry… —Me sonrojo al protestar.
— Es una decisión tomada y en el fondo sé que estás de acuerdo o de lo contrario, tú protesta sería más clara. Vamos.
El toma de mi mano y me lleva de regreso a la puerta en la cual aún mi padre se mantiene de pie y mi hermana y madre tras el.
Annie se abre paso entre ellos para llegar a Henry y decir:
— Disculpe que haya escuchado tal barbaridad. —Se ríe— ¡Era una broma! A Elicia y a mi nos gustan las bromas pesadas. ¿Verdad hermanita?
Me aclaro la garganta y al mirarla, veo el miedo en su rostro.
Sus teatros se han acabado para mí.
— ¡No! —Musito como el conejo de Tune Squad.
A lo cual Henry se ríe.
— ¡Vamos Elicia! —Susurra Requelle en tono aparentemente juguetón pero el cual sé que es amenazador— No seas mala con tú hermana, sabes que Annie solo bromeaba. Yo sería incapaz de lastimarte. —Dice eso último rodando los ojos por lo que veo a mi padre tensar su mandíbula— ¿Por qué mejor no pasan? Hace frío, les hará bien una taza de té.
— Gracias, esta vez aceptaré su invitación a pasar. —Henry dice y sonríe— Pero para ayudar a su hija hacer las maletas. —El deja de mirarla para mirar a mi padre— Elicia regresará al palacio mañana.
— ¿Qué…? —La voz de desilusión en mi hermana me hace reír mientras le pasamos a un lado.
Ambos subimos las escaleras deprisa y al llegar a la puerta de la habitación me detengo y giro para estar frente a el:
— Por favor, no digas más de la cuenta. No te enojes…
Sus labios se aprietan en una línea y hace un ademán hacia la puerta.
— Ábrela. —Ordena y suspirando resignada, me giro y lo hago.
Al entrar, el rostro de Henry se enrojece hasta más no poder, tanto, que me hace pensar que quizás no fue buena idea dejarlo subir conmigo a la habitación.
— ¿Cómo tú padre a permitido que te dejen dormir en este lugar? Elicia… —El cierra la puerta y apoya su espalda sobre esta mientras observa toda la habitación abarrotada de ropa y caja de zapatos y bolsas de compras— Apenas y se puede caminar sin tropezar.
— Lo sé… —Digo en un suspiro— Tuve que hacerme camino entre ellas. —Señalo los estantes— Me costo, pero con el tiempo me acostumbré, era esto o dormir en el sofá sin privacidad alguna.
— ¡Dios! —Esta enojado, lo siento en el tono de su voz— Te llevaré conmigo al palacio sin importar tus protestas, es una locura que sigas aquí. —Espeta— ¿Dónde están tus maletas?
— Aquí. —Digo mientras las busco a tientas de no pisar nada y me caigo en el intento a lo que Henry corre hacia mi y también se cae al tropezar con una caja de zapatos.
— ¡Mierda! —Gruñe y me río a carcajadas— ¡Por Dios, Elicia! Esto no es gracioso.
— Oh sí… Claro que sí. ¡Míranos! —Digo entre risas.
El niega con la cabeza y segundos después se ríe junto a mí al ser contagiado con mi imparable risa.
— Es agradable escucharte reír a pesar de toda esta locura. —Le escucho decir mientras me ayuda a ponerme en pie— Elicia, eres digna de solo recibir cosas buenas. —Suspira— Permíteme ayudarte, déjame sacarte de aquí. Haré que te preparen una habitación cerca de la mía en el palacio.
Aparto un mechón de mi cabello y lo oculto tras mi oreja para mirarlo a los ojos, mis labios se fruncen y sin pensarlo tanto, susurro:
— ¿Por qué quieres ayudarme? Creo que ya haz hecho demasiado.
El suelta un bufido.
— ¿Demasiado? —Arquea una de sus cejas— ¿Olvidas en el problema que nos hemos metido con nuestras respectivas parejas y familiares solo por nuestra noche de pasión?
Sonrío ante su rostro lleno de ironía y sarcasmo.
— Sacarte de aquí, no es nada créeme. —Una de sus manos se entrelaza con la mía— Es lo menos que puedo hacer, sobre todo ahora que aceptaste mi loca propuesta. Tiene más sentido que estés a mi lado y no aquí… Donde tú familia puede perjudicarte y arruinar nuestros planes.
Ahora soy yo la que suspira pues el tiene toda la razón.
— ¿Qué prosigue? —Musito con ternura y el acaricia mi mejilla.
— Al tener el documento listo le haré saber a mi abuela del mismo y pediré su autorización por escrito, para ser publicado oficialmente en Windsor.
Pongo los ojos en blanco.
— ¿De verdad? —Lamo mis labios ahora resecos— ¿La reina Isabel sabrá de mi?
— Ya lo ha de saber, a estas alturas. —Se muerde el labio inferior— Con toda esa cobertura de los medios locales. Aún me sorprende lo rápido que corrió la noticia, con lo meticuloso que trate de ser…
— ¿Crees que alguien dentro del palacio haya dicho algo a los medios?
— No… No lo creo. —Henry suena dudoso pero decido no preguntar más.
Dejaré el tema hasta ahí por esta noche.
Me giro nuevamente en busca de mis dos maletas y se las paso con cuidado, una de ellas la coloco sobre la cama y saco dos mudas de ropa, una pijama y un conjunto deportivo de cambio para ponerme en la mañana, busco mi pasta dental y mi cepillo de dientes y todo lo demás de aseo personal y lo guardo en mi cartera.
Me quito mis sandalias de plataforma y las guardo en la maleta para cambiarlas por unos zapatos deportivos y al cerrar de nuevo la maleta, me hago a un lado para que Henry la pueda agarrar.
Y mientras ordeno las pocas cosas que he seleccionado y dejado para esta noche y mañana en la mañana, Henry sale de la habitación con ambas maletas para guardarlas en la Van de los empleados del palacio.
Al ponerme las pantuflas, salgo de la habitación algunos minutos después, para así despedir a Henry, pero cuando estoy bajando las escaleras me detengo a mitad de camino al escuchar a mi madre vociferando mentiras sobre mí.
— ¿No le da vergüenza venir aquí y pretender llevarse a mi hija después de lo que ella a hecho? ¿No le basta con todo lo que ahora sabe?
— ¡Basta yá, Requelle! —El grito de mi padre me hace dar un respingo— No voy a seguir permitiendo que hables así de Elicia. Ella no te ha hecho nada.
— Tú te callas…
— No, ya no más. —Mi padre vuelve a protestar— Se acabó.
— Cuida lo que dices y como lo dices. —Ella advierte y mi padre no responde.
Con cuidado de no hacer ningún ruido, me siento en un escalón y trato de observarlos desde las escaleras. Pero apenas y puedo ver el rostro de mi padre y el de Annie. Henry está de espaldas así que no puedo verle su hermoso rostro.
Pero si veo como pasa una de sus manos por su rostro y luego por su cabellera.
Quizás frustrado.
Esto me apena, me da vergüenza que el vea la clase de familia que me gasto en tener.
Porque esto no es lo que soy, esto no es lo que me representa.
No tengo nada que ver con ellos, nada más que nuestro lazo sanguíneo nos identifica.
Henry va a darse la vuelta pero Annie corre tras el y lo sujeta del brazo, a lo cual el se detiene y se gira con brusquedad hacia ella, apartando al instante su mano de el.
— No se atreva a tocarme. —Dice con evidente molestia en la voz— No se tome atribuciones que no le corresponden.
— Pero… —Ella baja la mirada— Disculpe, alteza.
Henry se aleja lo suficiente de mi hermana, como para evidenciar que no le agrada su presencia y cercanía.
— Lo que usted diga sobre Elicia, no tiene ningún criterio ante mí. —El espeta hacia mi madre— Mi conexión con su hija va más allá de lo que usted alguna vez pueda llegar a conocer y por consecuencia, entender. —Lo escucho tomar una buena bocanada de aire— Me basta con lo que he visto y escuchado para saber la clase de madre y persona que usted es, señora. Y me alegra profundamente, poder llevarme a Elicia junto a mí. Ninguno de ustedes la merece, ella vale demasiado como para estar rodeada de alguien tan putrefacto como usted.
Los ojos de mi madre están por salir de sus órbitas de lo abiertos que se encuentran.
La impresión en su rostro es tanta, que sin darme cuenta me pongo de pie en un salto y corro escaleras abajo pues presiento lo que está a punto de pasar.
— ¡No! —Grito.
Llegó justo a tiempo para interponerme entre el cuerpo de Henry y los gritos de mi madre quien está por saltarle encima pero mi padre y Annie la detienen rápidamente.
Aunque no lo suficientemente rápido como para que ella lograse rasguñar nuevamente mi brazo.
Gimo ante el ardor y los brazos de Henry rodeando mi cintura se tensan a mi alrededor, el se gira sobre sus talones y me lleva con el hasta la puerta de la casa alejándome de las garras de mi madre. Al llegar, el me deja sobre mis pies y buscando mi brazo para ver el rasguño, susurra:
— Tranquila, mírame. —Lo hago— Lo revisaré… —Dice y asiento con la cabeza mientras de lejos veo como mi madre se cubre el rostro con ambas manos y segundos después, todos ellos desaparecen en la cocina— Estás bien, por suerte son superficiales.
— Gracias. —Respondo en un hilo de voz.
— Busca tu cartera, no puedo permitir que pases un segundo más aquí. ¡Esa mujer está loca!
— Pero es que no puedo, necesito intentar hablar con mi padre.
— No puedes pretender que me vaya y te deje aquí con lo que acaba de ocurrir. ¡Volvió a agredirte, Elicia!
El nudo en mi garganta se incrementa, es doloroso, pero a pesar de lo ocurrido no puedo renunciar a intentar hablar con mi padre.
No sé porqué de repente me ha nacido este sentimiento, esta sensación de querer hablar con el, pero algo muy dentro de mi alma me grita que justamente eso es necesario, lo es todo.
Y debo descubrir el porqué.
— Puedes quedarte… —Susurro apenada.
— No puedo. —Su mandíbula se tensa y ladea la mirada— Dios… No puedo hacer eso, no me lo pidas así. —Suspira— No me mires así.
— ¿Así como? —Pregunto confundida.
Mis amigas siempre dicen que cuando luzco confundida me veo demasiado tierna, quizás a eso es a lo que él se está refiriendo.
— Así… —El musita en un hilo de voz mientras me mira casi sin pestañear.
Henry es lindo… Y lo sabe.
— Sabes… —Sonrío— Podrías tener a cientos de chicas babeando por ti si las vieras y tratases como lo estás haciendo conmigo.
— Pondría. —Se muerde el labio inferior y luego esboza una sonrisa— Pero en estos momentos por muy increíble que lo parezca. Yo solo tengo ojos para ti, Elicia.
Su mano en mi mentón acerca mi rostro al suyo y sus labios invadiendo los míos me llevan a delirio y me hacen olvidar todo lo que está a nuestro alrededor.
¿Poco más de tres días son suficientes para que alguien pueda gustarme como él ahora me gusta?
Sin duda todo esto da miedo.
Quisiera salir huyendo, correr y nunca más volver.
Pero de solo pensar todo lo que me espera en Bélgica si vuelvo ahora mismo, me insita rotundamente a no irme de aquí y a seguir adelante con todos los planes.
Me empuja a seguir adelante con la propuesta de Henry.
Si me voy, mi imagen y reputación quedarían por los suelos.
Si me quedo, aún no estaría mi imagen del todo esclarecida pero sin duda estaré mucho mejor con lo que acordamos, que quedar como puta o dama de compañía.
Su deliciosa boca abandona la mía y tomando de mis manos el declara:
— Liam vendrá por ti en la tarde, ¿Está bien? —Asiento con la cabeza— Y a primera hora de la mañana, te llamaré.
— Está bien. —Digo suavemente.
— Tendré todo listo para recibirte mañana en el palacio, lo prometo. Me pondré en ello ahora mismo.
— Gracias, pero no quiero darte molestias. Ve a descansar…
— Deja de decir eso, lo hago porque quiero. No molestas. —Lo veo ladear la mirada hacia la cocina— Vamos, te acompaño a tu habitación, no me iré tranquilo si me voy y te dejo sola aquí a merced de tu madre.
Al llegar a la puerta de la que alguna vez fue mi habitación y la cual ahora es un closet improvisado, me doy vuelta y le sonrió.
— Gracias…
— A ti. —Dice mientras me da un casto beso en los labios y se aparta— Te llamaré al llegar, descansa y por favor trata de no salir de la habitación hasta mañana.
— Está bien. —Me río.
Henry baja las escaleras a toda prisa, puedo escuchar como algunos de los escalones de madera rechinan debido a su rapidez.
— Si algo le pasa a Elicia, habrá consecuencias.
Escucho lo que el ha dicho y tapándome la boca con una de mis manos, cierro la puerta.
Nadie respondió a su advertencia.