Capítulo 5

3651 Words
Sábado 27 de Julio de 2019 05:30 AM. Despierto de golpe a raíz de una pesadilla en el cuarto de invitados de la casa de mi amiga Thaiz. Me siento en la orilla de la cama y aferro mis manos en ambas rodillas mientras trato de controlar mi agitada respiración. A estás alturas, comienzo a pensar que lo ocurrido con mi madre, me a traumado. Pues al darme cuenta, una lágrima divaga por mi mejilla. Lo ocurrido no es justo, no me parece justo. Pero a lo hecho pecho, como dice un amigo latino, el querido Alberto. Limpio esa lágrima traicionera y exhalo con fuerza, no voy a permitir que esta situación me afecte, ni mucho menos que debilite mis emociones y sentimientos. Esto no me duele por ellos, me duele por mí. Pues como ya lo he dicho, no me importan. Somos muy diferentes, está situación me duele porque yo no la merezco. Nadie en la vida merece tal desprecio de una madre y hermana. Mi padre… Si bien ya no lo quiero como antes, con su actitud me a hecho pensar que quizás sus acciones del pasado no fueron del todo suyas, sino más bien provocadas y obligadas. Y en el fondo, con él nunca me a nacido ser grosera. Por el siempre me nació cierto respeto incluso antes, en mi adolescencia, a pesar de sus malos tratos, nunca lo trate mal. Fui distante, un tanto altanera y seca, pero no más de allí. Pero con mi mamá, era otra historia. Pues ella fue más agresiva y con ella mis instintos de protección y defensa siempre se encendían. Con mis manos vuelvo a limpiar esas lágrimas rebeldes y sin hacer el más mínimo ruido, me encierro en el baño. Necesito una ducha con urgencia y por fortuna, mi querida amiga me prestó unas prendas de su ropa para así poder cambiarme, pues al salir tan apurada de casa, no pude agarrar una muda de ropa. Ni siquiera pensé en ello, la verdad. Me quito la pijama, también prestada por mi amiga y me adentro en la regadera bajo el agua caliente. Cierro los ojos cuando el agua moja mi cabello y gimo ante la cálida sensación. El rostro de Henry aparece en mis pensamientos y sonrío, pero luego dejo de hacerlo cuando aparece el de Andrés. Mi novio. Mejor me voy haciendo a la idea que ya no lo será más. Porque estoy segura, de que ahora todo entre los dos sí terminará cuando le diga la verdad. Cuando le diga lo que hice y ya no solo borracha, sino también plenamente consciente. En mis facultades. Resoplo bajo el agua y decido aceptar mi realidad, de igual manera nuestra relación estaba destinada al fracaso. Nuestros problemas y diferencias ya hacían de lo nuestro algo tóxico. En sus planes de vida no estaba el matrimonio y mucho menos los hijos, pero sí lo estaba nuestra relación, pero yo debía adaptarme a su estilo de vida. Yo sí debía renunciar a mis aspiraciones por las suyas. Y pues no, porque yo sí quiero formar una familia, yo sí quiero hijos. Aunque sea uno, mejor dos. ¡Pero los quiero! Aunque mi experiencia familiar no haya sido la mejor, eso no significa que no quiera formar la mía y que no sea una buena madre para mis futuros hijos. ¡Claro que sí quiero! Y ¡Claro que sí seré la mejor mamá del mundo para ellos! Y Kylee, el mejor tío. Lo ocurrido en nuestra infancia, no afecto esa faceta, ambos queremos lo mismo, ser padres y formar nuestras familias y eso, es algo que me alegra mucho. Lo deseo. Salgo de la ducha después de enjuagar bien mi cabello y envuelvo mi cuerpo en la toalla. Al regresar a la habitación, me siento en la cama y vuelvo a ponerme la pijama, dejo la toalla sobre la puerta del baño y fresca camino hacia la ventana abro las persianas y el sonido de la naturaleza me hace cerrar los ojos. Haré que a pesar de lo ocurrido en mi casa, este día sea fantástico. Y esa, es una decisión tomada. Los pájaros cantando entre los árboles me hacen sonreír y al abrir los ojos, veo como el sol se asoma por el horizonte. En unos minutos, sus rayos abundantes nublaran mi vista. Y no puedo esperar por ello, no puedo esperar para sentir sus rayos calentar mi piel. Dos horas después... Estoy en la cocina junto a Thaiz, quien ya está sentada en la mesa esperando por su desayuno. Como agradecimiento por su estadía, me ofrecí sin dudar a preparar el desayuno. Ella intento protestar, pero ante mi palabra determinada, lo dejo estar. — Aquí tienes. —Canturreo mientras le entrego el plato y me vuelvo para buscar su taza de café— Y esto también. — Gracias. —Dice animada mientras sorbe un trago— Amo las tostadas, se ven espectaculares. — Gracias, me alegra que te gusta como se ven. —Le digo mientras tomo asiento frente a ella y muerdo un pedazo de mi tostada con tocino— Y gracias por aceptar llevarme al banco. En serio necesito efectivo. — Sé lo que es estar sin un euro en los bolsillos, gracias a Dios nunca faltó un ángel que me ayudase a resolver. Me alegra ser uno de ellos ahora. Me río ante eso último y ella también. — ¿Volverás a tu casa? —Alza la mirada hacia mí, veo compasión en ella pues sabe lo ocurrido no pude evitar contárselo cuando despertó— Puedes quedarte aquí si gustas, el tiempo que necesites, lo sabes. — Lo sé y gracias. —Suspiro— Ya quisiera eso, pero ambas sabemos que no puedo. El abogado está monitoreando que se cumpla la voluntad de mi abuelo, ahora más que nunca. — Cierto que ya falta poco para la entrega de las propiedades. —Suspira— De verdad lo siento, Elicia. Nadie merece ese trato. Tú menos que nadie. —Se pone en pie para buscar algo en el refrigerador— ¡Eres un Sol! Radiante, radiante y con rayos calientes. —Canturrea y me río. Al cabo de unos minutos después, ambas terminamos nuestro desayuno en silencio y me dispongo a fregar los platos mientras que mi amiga se queda leyendo el periódico. — ¡No me digas! —La escucho gritar y me vuelvo hacia ella quien salta del taburete para correr hacia mi— ¿Cuándo pensabas decirme ESTO? — ¿Qué cosa? —Susurro pálida y ella gira el periódico mostrándome lo que la hizo gritar. ¡Avemaría purísima! Estoy en el periódico. ¡Hay una foto mía en el periódico! Un mareo profundo me hace tambalear y el vaso en mis manos cae por suerte en el fregadero. — ¡Estuviste con el duque Henry! —Grita histérica— ¡Estúpida! Y no me dijiste. Esto es traición… Como puedo, le arranco el periódico de las manos y observo la foto más la nota en ella. “Ayer en la mañana, fue fotografiado el Duque de Leith junto a su nueva conquista, saliendo del palacio Holyrood. Hasta ahora, no hay datos que revelen la identidad de la hermosa joven ni de dónde proviene, fuentes anónimas cercanas a miembros del palacio aseguran, que el Duque de Leith junto a su equipo han actuado con fuerza para proteger su identidad. Lo cierto es, que con esta historia, se disuelve cualquier rumor sobre su orientación s****l, la cual, había estado en entre dicho desde hacía una semana, cuando una fuente anónima reveló supuesto romance entre el Duque y otro hombre de nombre y paradero desconocido, dentro del palacio” El periódico cae de mis manos al suelo y mi vista queda fija, perdida en la nada. ¡Rayos! Las fotos fueron tomadas de manera aérea, mi rostro casi no es reconocible pero si Thaiz me reconoció quiere decir que cualquier persona que me conozca también lo hará. ¡Andrés! Dios, ni siquiera le he podido contar lo ocurrido. ¡Y se enterara si no lo hago ahora! Trago saliva con fuerza y sin darme cuenta estoy corriendo como loca hacia el cuarto de invitados y al llegar a la puerta me congelo al escuchar mi teléfono. El timbre de llamada entrante no me permite moverme de dónde estoy. ¿Andrés? ¿Será el quien está llamando? Porque si es él no tengo el valor en estos momentos para responder, ni mucho menos para afrontar lo que he hecho. Lo admito, en estos momentos no lo tengo. No estando en este estado de shock. Mi amiga Thaiz aparece corriendo por el pasillo y se detiene a mi lado. — ¿No piensas contestar? —Su voz agitada por la carrera me hace mirarla y niego con la cabeza— ¡No seas tonta, contesta! Pueden ser de las noticias o quizás tú familia. Debes ir descartando ahora, debes cuidar tus espaldas. No te conviene que los del noticiero vayan a tu casa. ¡Espántalos de una vez! — ¡No puedo! —Musito en voz baja. — ¿Cómo que no? —Grita— Ni siquiera sabes quién llama. Y si son los medios… ¿Acaso prefieres que lleguen a ti a través de tu familia? Porque si es así ¡Te acabarán! — ¡Obvio no! Pero… ¿Y si es Andrés? No tengo el valor para afrontarlo ahora. — Mierda… Ni recordaba su existencia. —Ella hace una mueca— ¿Porqué sigues con él? —Niega con la cabeza— ¡Olvídalo! Yo contestaré por ti, seré tu asistente personal mientras pasa el bumerang. Eso en otra ocasión me hubiera hecho reír a carcajadas, quisiera hacerlo en el fondo, pero el shock aún me bloquea. Me siento sola e indefensa. ¿Cómo podré salir de esto? No tengo idea de cómo tratar con los medios, nunca he sido tan relevante en mi vida. Obviamente jamás había pasado por una situación similar a esta. Y con mis problemas familiares de por medio… Dios, harán de esto un infierno. No está en mis planes llamar la atención de los medios, en lo absoluto. — Es un número desconocido… —La voz de mi amiga me trae de vuelta al presente — ¿Hola, quién llama? Alzo la mirada hacia mi amiga y al escuchar lo que le dicen tras la línea, esta se sonroja y segundos después estira su mano con el teléfono hacia mí. — Esta llamada sí te conviene contestarla. Niego con la cabeza, obviamente nerviosa. — Ni muerta. ¿Quién es? — Descúbrelo por ti misma. —Susurra ahora más sonrojada— No es quien crees. ¡Contesta! Camino lentamente hacia ella y tomo el teléfono entre mis manos temblorosas. Dudo mucho en acercarlo a mi oído así que prefiero ponerlo en altavoz. — ¿Sí? —Susurro en un hilo de voz. — Elicia… —Su voz me hace soltar todo el aire contenido, en realidad no esperaba que volviera a llamar, pero aquí estamos. Lo hizo. — Henry. —Muerdo mi labio inferior al escucharlo suspirar tras la línea, como si estuviese aliviado de escuchar mi voz— Que bueno que llamaste, porque quería contarte que en el periódico hay… —Me interrumpe. — Lo sé, estoy llamando justamente por ello. ¿Estás bien? — Sí, bueno… Asustada, pero estoy bien. — Pudiste hablar con, mmm. —Se calla unos instantes— ¿Con tu novio…? — No. Eso me tiene nerviosa, ¿Tienes idea de si esa noticia es sólo local o ha nivel internacional? — Local, por ahora. —Dice a secas y asiento. — Está bien, entonces aún tengo tiempo de hablar con el. Gracias. El no dice nada y el silencio entre los dos se hace presente, la mirada de mi amiga está perforándome la puedo sentir y eso hace que alce mi rostro hacia ella y en efecto, está mirándome con tanta emoción igual a cuando ve sus programas de chismes de la farándula. — Dijiste que me llamarías, pero no recuerdo haberte dado mi número… ¿Cómo lo obtuviste? — ¿De verdad quieres saber eso ahora? — Sí. —Me sonrojo. — Llamé a mi teléfono desde el tuyo mientras dormías. Palidezco cuando veo a mi amiga saltar de emoción. — Perturbador. —Susurro y lo escucho reír, decido quitar el altavoz y aferro el teléfono a mi oído— ¿Tuviste problemas con…? Dejo la pregunta a medias pues espero que el capte lo que quiero decir o ha quien quiero llegar. Y lo hace. — Sí. —Suspira— Era de esperarse, está celoso de ti. Me alejo de Thaiz y esta hace un berrinche en silencio, lo cual me hace reír. — Lo siento. —Musito— Lo siento mucho. Lamento todo esto de verdad. Nuestras vidas… Han dado un giro inesperado después de todo lo ocurrido. — No es para tanto, yo no me arrepiento de nada. No me arrepiento de haberte conocido y mucho menos de lo que hicimos. Me sonrojo de nuevo y mordiendo mi labio cierro los ojos. Sí… El es todo un príncipe. — Eres… —Suspiro, la emoción, la adrenalina me recorre. — ¿Qué soy? —Gruñe. — Encantador y… Buen seductor. — ¿Dónde estás? —Su voz tan ronca me eriza la piel y me hace desearlo. — En casa de una amiga. Estaba por irme a la mía cuando ella vio la nota en el periódico. — ¿Y qué haces allí? —Su voz está más ronca ahora— ¿Saliste anoche? — No, tuve problemas en casa. Pero esa es una historia de la cual no me apetece hablar ahora. — A mí me gustaría saber, ¿Tengo que ver en ello? Ladeó la cabeza, indecisa en si contarle o no. — No creo que sea el momento para hablar de ello. — Oh sí, lo es. Dame un segundo. —Unas voces tras la línea me hacen fruncir el ceño, pero no logro deducir lo que dicen, hasta que…— Linda, no te muevas de ahí, mandaré a mi chófer por ti. — ¿Qué? —Espeto— No, no es necesario yo debo ir al banco por un poco de efectivo y luego debo regresar a casa. — Imposible. — ¿Por qué? — Hay paparazis merodeando cerca de tú casa en estos momentos. — ¿Qué dices? —Alzo la voz. — ¿Tú amiga es de confianza? —Su voz tan seria me hace parpadear seguido. — Por supuesto que sí. — Perfecto. Dame la dirección de la casa de tu amiga, mi chófer irá por ti, enseguida. Le dejo la dirección y vuelvo la mirada hacia mi amiga Thaiz quien hace gesto de emoción con las manos. — Louis llegará en quince minutos, va acompañado de Liam, mi guardaespaldas personal. Estarás segura con ellos, ¿Está bien? — Pero… Mmm. —Dudo, pues de verdad no quisiera llamar más la atención de los medios. — ¿Qué pasa? — No quiero que los medios me vean llegar al palacio. Yo no quiero la atención mediática. — ¿Confías en mí? Su pregunta me hace guardar silencio por largos segundos. ¿Tengo otra opción? No. ¿Realmente debería confiar en alguien a quien a penas conozco? No. Pero él no inspira nada más que cosas buenas en mi interior. Él solo inspira cosas buenas en mi mente y corazón. — Elicia… Dímelo, por favor. —Suspira tras la línea— ¿Confías en mí? — Sí. —Respondo sin chistar. — Todo va estar bien. Lo arreglaremos. — Está bien. — Hasta pronto, linda. — Adiós… La llamada finaliza y no puedo apartar la vista de la pantalla de mi teléfono, pero segundos después los gritos de Thaiz me obligan a reaccionar. — ¡NO PUEDO CREERLO! —Chilla— ¡EL DUQUE DE LEITH Y MI AMIGA ESTAN SALIENDO! — Shhh, Thaiz. ¡Cállate! —Pongo los ojos en blanco— No, no estamos saliendo. El solo quiere protegerme de todo este mal entendido. — ¿Cuál mal entendido si es más que evidente? —Salta sobre la cama— ¡Tienes que contármelo todo! POR FAVOR. ¡O no te dejo ir! — Está bien, lo haré. Pero por favor no lo repitas con nadie más. No quiero meterlo en problemas, te lo suplico. Mi amiga se sienta en la cama al instante y asiente la cabeza con vehemencia. — ¡Sabes que soy una tumba! Suéltalo todo. — Está bien… —Suspiro— Lo conocí esa noche en el club, yo estaba en la pista de baile disfrutando la música, cuando un hombre se me acerco por detrás y… ***** El chófer estaciona la camioneta antigua dentro del estacionamiento interno del palacio y el guardaespaldas de Henry me abre la puerta. Su rostro se me hace familiar, es muy lindo y me parece que lo ví antes, tal vez el estuvo en el club la noche en que conocí a Henry. Pero en estos momentos no recuerdo lo suficiente. — Gracias… —Le susurro cuando tomo de su mano para bajar de la camioneta. — De nada, señorita. —El sonríe— Sígame por aquí por favor, el Duque la está esperando. Asiento y le sigo de cerca. Me alegra que Henry haya hecho todo de esta manera tan discreta, pues la camioneta en la cual fueron a buscarme despista cualquier sospecha de mi presencia en el palacio. Pertenece al área de jardinería. Interesante. Liam, el guardaespaldas de Henry, me guía por un largo y ancho pasillo del segundo nivel y se detiene frente a una amplia puerta doble. Los detalles y acabados del palacio son impresionantes por dónde sea que mire. No puedo parar de impresionarme. La visión que tengo ante mis ojos, es sencillamente hermosa. — Por aquí. —Dice al mismo tiempo que abre ambas puertas y me hace una señal con la mano, indicándome a pasar. Y lo veo… Allí, en medio del lugar. Vestido de traje y corbata. Tan elegante, tan formal. Pero tan tierno a la vez. — Gracias… —Le susurro al escolta y me adentro en la amplia habitación. Mejor dicho, perdón. Porque esto de habitación no tiene nada. Esto es una biblioteca en toda la extensión de la palabra. Me giro a mitad de camino para ver todos los estantes, son tan altos y tantos libros. Llegan casi al techo. Cuando me vuelvo nuevamente hacia él, su sonrisa opaca todo lo que hay a nuestro alrededor. — Hola. —Escuchar su voz me eriza la piel. — Hola, alteza. —Muerdo mi labio inferior para así amortiguar una risita nerviosa y provocadora. — ¿Alteza? —Ladea la cabeza pero su mirada burlona no abandona la mía— Así no me llamabas ayer por la madrugada, mientras te hacía mía. Aunque pensándolo bien, la idea de que me digas así… Mis labios se entreabren y siento mis mejillas arder por la sonrojes. — Lo siento, pero ante situaciones que no recuerdo. No hay validez. — No tengo problema en ayudarte a recordar. —Sonríe— Sería todo un placer. — ¿Ah sí? —También sonrío y lo veo caminar hacia mi lentamente. — Sí, sería encantador escucharte gemir otra vez ¡Oh sí, Henry! Ambos reímos. Yo más que él. — ¡No es cierto! —Digo entre risas— ¡No gimo así! — Tú qué sabes. —Dice burlón— Ni eres consciente de todo lo que haces. ¡Eres tremenda! —Se ríe y corro hacia él. Henry detiene su andar y extiende sus brazos para envolverme en ellos cuando llego a su encuentro. Su rostro se oculta en mi cuello y gimo cuando lo escucho aspirar con fuerza. Sus manos se aferran a mi cintura mientras que mis piernas se envuelven alrededor de la suya. Abrazándolo, aferrandolo a mí. — Elicia… —Gruñe contra mi cuello y una de sus manos asciende hasta mi cabello para apretarlo con fuerza. Mis manos acarician su espalda y en algún momento mis uñas rascan la tela de su traje, tratando de aferrarse a él pero resbalan en el intento. Pues no lo hago con la suficiente fuerza, tampoco quiero dañar su traje. Aunque fácilmente podría arreglárselo después. Solo necesitaría una máquina de coser y una tela del mismo modelo y diseño. — ¿Estás bien? — Pensé que no llamarías. — Prometí que lo haría, siempre cumplo mis promesas. —Susurra contra mi oído— Además, tu y yo tenemos algo pendiente. Algo que dejamos inconcluso, ayer… — ¿Así que me lo cobrarás? —Sonrió llena de lujuria mientras bajo la mirada para verlo a los ojos— ¿Aquí? En medio de la biblioteca. — No. En mi habitación. —El sonríe con malicia— Aunque no es una mala idea, sería mi primera vez en una biblioteca real. Suelto una carcajada. — Henry… Eres único, en serio. — Tú eres única. —Dice mientras aproxima su rostro al mío. Su nariz roza la mía y sus labios buscan los míos para hacerse camino en ellos cuando se entreabren para darles la bienvenida. Su lengua y la mía se unen en una sola y nuestros labios se mezclan a más profundidad. — Vamos a arreglar esta situación, linda. —Dice al recuperar el aliento. — ¿Esta situación…? —Pierdo la voz. — Sí, ésta. —El busca mi mano y al encontrarla, la guía hasta su entrepierna endurecida y sonríe— Un beso tuyo y es más que suficiente para enloquecerme. Me pregunto porqué…
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