Samantha regresó a casa. Karen se acercó de inmediato con una expresión ansiosa. Al ver el vendaje en la cabeza de Samantha, las lágrimas que apenas había logrado contener volvieron a brotar. —Samantha, ¿qué te pasó? ¿Cómo te heriste? Lo siento, todo es mi culpa. No debí permitir que te lastimaras. Si no puedes aceptar que esté con Justin, puedo cancelar la boda. Samantha la observó en silencio. Tenía los ojos hinchados por tanto llorar, el rostro agotado, y su preocupación parecía genuina y urgente. No parecía estar fingiendo. Aun así, el fuego en el corazón de Samantha no podía extinguirse. —Karen, ¿todavía me consideras tu mejor amiga? Karen asintió sin parar. —Tú y Yurika siempre serán mis mejores amigas. Samantha preguntó con el rostro inexpresivo: —Si es así, dime la verda

