Era justo lo que me temía, tenía miedo de enfrentarme a Tyler en cuanto llegara a casa y no me veía capaz de hablar con él, ni siquiera de contarle la verdad sobre lo que había hecho, en cuanto crucé el salón me fui directa a mi despacho, me daba vergüenza mirarle a la cara. Supongo que él entendió la indirecta y no me siguió, era lo mejor, no podía dejar de pensar, me dolía la cabeza y el corazón, me siento una mala persona; la copa que tenía en mi mano era claro ejemplo de no querer afrontar las cosas y esta noche dormiría en el sofá de mi despacho. A la mañana siguiente todo lo que sentía se había magnificado, dolor de cabeza, el sentimiento de culpabilidad, todo se estaba derrumbando una vez más y yo no era capaz de controlarlo. No me había dado cuenta de lo tarde que se me había hech

