Una niña de voz bonita y ojos increíbles

1936 Words
“Dieciséis años y otra vez repitiendo curso. Mamá tiene razón, soy demasiado vago para estudiar. Ana y ella le ponen paciencia conmigo, pero es que no me entra nada… si pudiese dedicarme sólo a gimnasia y a fútbol sería otra cosa. Bueno, allá voy. Otro año más siendo el repetidor. Menos mal que este año está Pepe en mi clase, al menos no seré el único repetidor. Lo malo es que nos ha tocado Miguel como tutor y pfff… es tan estricto siempre…”. Mi cabeza iba dando vueltas al inicio de curso mientras iba en el autobús hasta el instituto. Tenía ganas de ver a mis amigos, pero empezar las clases era como una pesadilla. Mamá y papá me habían dado un ultimátum en verano, tenía que pasar de curso sí o sí, o habría que ver otras opciones de qué hacer con mi vida porque no podía seguir perdiendo cursos a lo tonto por no estudiar. Hasta el abuelo se metió en aquella discusión, quería que me metiese al ejército como hizo él. Cuando llegué todos los chicos estaban en el patio, se les oía desde la calle y corrí hacia ellos nada más cruzar las puertas del patio. Borja me esquivó cuando quise saltar encima de él, pero alargué el brazo para darle una palmada en la espalda y después fue él quien saltó sobre mí. Era mi mejor amigo desde pequeños, nos conocimos de pequeños jugando en el barrio, y después de varios años sus padres le cambiaron a este colegio. Nunca habíamos coincidido en clase, pero era genial verse en los recreos y saltarnos alguna clase a escondidas para ir a jugar al fútbol. Choques de manos y palmadas en la espalda entre todos para saludarnos, risas y comentarios sobre las vacaciones, y algunas miradas a los grupos de chicas que había en el patio. Así empezaba el curso. Chicas… casi todas parecían unas crías, aunque había algunas que estaban buenas. Tenía que quitarme de la cabeza a Claudia como fuese, estaba buenísima y había sido la primera, pero era demasiado guarra. Siempre me decía que quería estar conmigo, pero en cuanto me daba la vuelta se iba con cualquier otro, después de seis meses así, había decidido que no quería nada más con ella. Me quedé mirando a una chica nueva con unas curvas enormes, la piel muy morena y el pelo rizado con mechas rubias. ¡Vaya pibón! Borja me bajó a la tierra con un golpe en el costado y haciendo el ganso nos fuimos para dentro del instituto a buscar nuestras clases. Desde la puerta de la que sería mi aula ese año vi a Pepe acercarse tonteando con la chica de las curvas, no perdía el tiempo. Le esperé y entramos juntos a clase, aún había mucho barullo de gente, pero Miguel ya estaba en la mesa del profesor, pronto daría un golpe seco sobre la mesa pidiendo silencio. La chica de las curvas se sentó en una de las últimas filas y Pepe y yo nos quedamos mirando a la clase buscando dos mesas vacías juntas para sentarnos, a ser posible en la parte de atrás. - ¡Pepe, Sergio! Por favor, venid a la primera fila. – La voz de Miguel resonó por toda la clase y se hizo el silencio, al menos no había dado golpe en la mesa. Cuando llegamos vi a una niña sentada en el medio de las tres mesas. – Uno a cada lado de Desiré. La miré de arriba abajo cuando se levantó para dejarme pasar a la mesa de su izquierda, al lado de la ventana. Era una cría con pinta de empollona. Vaqueros, camiseta, pelo largo suelto y gafas de culo de vaso. Sonreí mirando a Pepe por encima de ella. Sería divertido tenerla de compañera, estaba seguro de que ella no se imaginaba cómo iba a ser el curso con Pepe y conmigo de compañeros. No podía tener movidas en el instituto, mamá y papá volverían a enfadarse, pero podía divertirme con esa niña sin llegar a causar problemas. Miguel le dijo que podía darnos caña y ella se puso roja al instante. Una niña como esa nunca nos daría caña a nosotros, pero nos íbamos a reír mucho aquel curso, por lo menos Pepe y yo. - Así que te llamas Desiré – dije sonriendo. – Yo soy Sergio, todos me llaman Checo. Por la cara que has puesto, no te apetecía sentarte con nosotros… jajaja – me reí con ganas porque ella seguía roja como un tomate… estaba segura de que era la típica que no se junta con chicos. - Hola, chica nueva, yo soy Pepe – dijo mi amigo a punto de soltar una carcajada. Le lancé a Pepe una mirada seria para que se controlase antes de que esa niña se echase a llorar. - Hola, podéis llamarme Desi… no es que no me apetezca sentarme con vosotros… yo solo… – titubeó – no sé… supongo que me tenía que… sentar con alguien… Mierda… tuve que morderme los labios para no reírme. De verdad que ese curso iba a ser muy divertido, era como hablar con una niña pequeña… aunque ahí me di cuenta de que ella seguramente fuese dos años más pequeña que yo, o sea que realmente era una cría. Pepe y yo íbamos a tener que contenernos mucho para que no hubiese movidas con ella. - Tranquila chica nueva que no mordemos – le dije bajito mientras Miguel se movía por delante de la pizarra anotando el horario de asignaturas. Clase nueva, nuevos compañeros, repitiendo curso y con una niña sentada al lado. El curso iba a ser interesante. Según pasaban los días, de verdad que hacía un esfuerzo por no reírme de Desi, pero es que era tan fácil sacarle los colores que muchas veces terminaba riéndome y ella se enfadaba y se volvía a poner roja… y yo volví a reírme. Me hacía gracia su voz, era una voz bonita que no pegaba con ese cuerpo de niña que tenía. Eso también me hacía gracia, pero qué iba a decir yo si mamá siempre decía que ya tenía voz de hombre, aunque seguía siendo un crío. Siempre andaba cabizbaja, super tímida y a parte de con Pepe y conmigo sólo la había visto hablar con dos chicas que se sentaban detrás de nosotros en clase y con otras dos de la clase de Borja que supuse que eran sus amigas porque siempre se esperaban para salir juntas al recreo y al final de las clases. En casa nada había cambiado. Mamá y Ana seguían machacándome con que estudiase desde el primer día para sacar el curso adelante y yo me entretenía en mi habitación con cualquier cosa. Los mejores días siempre eran cuando había entrenamiento, después de todo el verano nada más que jugando pachangas con los chicos, necesitaba volver a entrenar a tope. Algunos días Claudia aparecía con sus amigas en los entrenamientos de fútbol y después no había quién la separase de mí. Joder, era guapa y estaba buena, pero era muy pesada siempre persiguiéndome. Estaba bien enrollarse con ella de vez en cuando pero no quería que fuese mi novia porque le gustaban todos. Cuando íbamos de botellón o a la discoteca siempre se pasaba bebiendo, más de un día me tocó aguantarla borracha cuando sus amigas se iban y ella se quedaba sola con nosotros. De buena gana la hubiese dejado por ahí, pero no era plan, y cuando eso pasaba me jodía la noche con mis amigos. Yo quería pasar de ella, pero ella seguía insistiendo, y al final terminábamos discutiendo muchos días. Me jodía porque había sido amiga de mi hermana Ana, pero a la vez que se puso más buena, se volvió una completa estúpida. Ana siempre me decía que pasase de ella y eso intentaba, pero a veces el cuerpo de un chico adolescente es demasiado débil a las tentaciones, y Claudia tenía muchas de esas. Un día, mientras Desi estaba concentrada en la pizarra durante una clase de matemáticas yo dejé de copiar los ejercicios que Marisa estaba resolviendo y me quedé mirando a la niña que se sentaba a mi lado. De verdad era la típica empollona que pensé el primer día. Durante las clases no hablaba y se dedicaba a mandarme callar cuando yo decía algo, no quitaba ojo a la pizarra, siempre subrayaba los libros y tomaba notas en los márgenes con sus propias explicaciones. Estaba seguro de que apenas pestañeaba durante las clases. Me reí pensando que se le iban a secar los ojos y me quedé mirándola. Nunca la había mirado tan detenidamente, eran los ojos más bonitos que había visto nunca, de un verde increíble, pero se veían tan pequeños con esas gafas. Siempre traía gafas al instituto. Tenía una voz bonita y unos ojos increíbles, pero era una niña que por muchos días que pasasen se seguía poniendo roja y a veces tartamudeaba cuando la hablábamos. Pero no podía evitarlo, en mis momentos de atención e interés en clase muchos días tenía que preguntarle cosas que no entendía y a veces copiaba en mi libro las anotaciones que ella hacía en el suyo. Otras veces la hablaba sólo para chincharla y hacer que sacase la cabeza del libro, Pepe se apuntaba a eso y más de una vez conseguimos que esa niña se riese con nosotros. Me hacía gracia verla en clase de gimnasia, era la más torpe con los ejercicios. José, que más que profesor era un colega, se daba cuenta de eso y la ayudaba y animaba más que a nadie, pero había muchos compañeros de clase que se reían de ella. Al principio a mí también me hacía gracia verla, pero empezó a sentarme un poco mal que todos se fijasen así… ¿acaso todos eran buenos en gimnasia? El mejor en gimnasia era yo, el propio profesor lo decía. Cuando llegó la época de hacer grupos en gimnasia para las pruebas de nota le pedí a José que me pusiera en el mismo grupo de Desi. Le resultó extraño porque yo siempre había querido sobresalir en gimnasia porque era lo que mejor se me daba, pero le expliqué que ella me ayudaba en clase con otras asignaturas y quería compensarlo de alguna manera. Anunciando los grupos, José nos puso juntos a Luis, Desi y a mí. Ella nos miró otra vez roja como un tomate. Era muy divertido verla así, pero entre Luis y yo conseguimos convencerla de que la ayudaríamos en gimnasia y terminamos riéndonos los tres juntos. Yo era el pequeño de mi familia, tres hermanas mayores, todas chicas y yo el único varón. Según pasaba el tiempo tenía una sensación extraña con Desi, me encantaba chincharla, que se pusiese colorada o incluso que se enfadase, y a la vez me sentía un poco protector con ella. Llegué a pensar que quizás se sentía así tener una hermana pequeña. Alguna vez hablé sobre eso con Borja porque él tenía una hermana pequeña, Clara, que en el fondo se parecía bastante a Desi. Borja siempre había sido mi mejor amigo, nos sabíamos el uno la vida del otro, incluso todos los secretos. Era el único que sabía todo lo que había pasado con Claudia y ahora, el único que sabía cómo me sentía en clase. Un día me insistió en que había una chica en su clase coladita por mí, Rosa, que era amiga de Dora, la chica de las curvas pronunciadas que se hizo novia de Pepe a principios de curso.
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